Ceará

Located in Brazil‘s north-eastern coast, the state of Ceará has a diverse landscape, crossed by mountains and valleys. I sadly didn’t explore the interior, but visited some of its beautiful beach towns which are surrounded by large rock outcrops and sand dunes.

Canoa Quebrada, a town located about 170 km south of the capital city, Fortaleza, has an interesting history, as it was colonised by the French, the British, the Portuguese, and eventually, the hippies. The story says it was a Pakistani man who left the biggest mark on the small town by carving a crescent moon and star in one of the beachside cliffs—a symbol that still represents the town today.

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Ubicado en la costa noreste de Brasil, el estado de Ceará tiene un paisaje diverso que cuenta con montañas y valles. Aunque no tuve la oportunidad de explorar el interior, visité algunos de los lindos pueblos costeros que están rodeados por grandes acantilados y dunas desérticas.

Canoa Quebrada, un pueblo ubicado a unos 170 km al sur de la capital, Fortaleza, tiene una historia interesante, ya que fue colonizada por los franceses, los ingleses, los portugueses, y después por los hippies. La historia cuenta que un hombre de Pakistán fue quien dejó la marca más grande cuando talló una luna creciente y una estrella en los acantilados de la playa, un símbolo que hasta hoy representa el pueblo.

Morro Branco & Canoa Quebrada

The state capital, Fortaleza, is a bustling metropolis home to about 2.5 million people, surrounded by beautiful beaches like Combuco, located just 35 km north of the city. Although it doesn’t have many historical buildings like other cities such as São Luís and Manaus, it’s maintained its status as a popular tourist destination for visitors coming from the south and interior of the country.

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Fortaleza, la capital estatal, es una metrópolis con unos 2.5 millones de habitantes, rodeada por playas con Combuco, ubicada a unos 35 km al norte de la ciudad. Aunque no tiene muchos edificios históricos como São Luís o Manaus, ha sido un destino turístico muy popular para personas que viven en el sur e interior del país.

Fortaleza & Combuco

Travel / Viajes – 2015-20162011-2014
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Mi Vida Nómada: Mi Vida Real

He estado leyendo mucho sobre la realidad detrás de algunos de los posts más populares en internet, y cómo las vidas de los blogueros de viajes particularmente son curados para conseguir más ‘likes’ y ser compartidos en las redes sociales. No se puede negar que algunos blogueros esconden la realidad de sus viajes para que sus seguidores no tengan que presenciar el aburrimiento que a veces acompaña los viajes perpetuos, como las esperas eternas en estaciones de buses y aeropuertos, los viajes incómodos en camiones y motos, y a veces, más tiempo libre de lo que uno quisiera tener.

Cotijuba Belem 5

Isla de Cotijuba, Pará

Aunque normalmente sólo subo fotos de los paisajes y ciudades que he visitado—porque son las imágenes que me llevo de cada lugar y las que quiero compartir—he tratado de mantener la veracidad de mis historias compartiendo también mi frustración durante viajes larguísimos e incómodos en barcos, o de no sentirme en casa en todos los lugares adonde llego. Hago esto porque, no sólo quiero mostrar la realidad de una Vida Nómada, sino porque simplemente estoy documentando mis viajes por Brasil; no estoy compitiendo por ‘likes’ (obviamente) ni queriendo causar envidia por la vida que he escogido vivir.

La verdad es que estoy viviendo una vida muy normal mientras viajo por Brasil, sólo que estoy cambiando de ciudad constantemente. Generalmente, mis días son bastante normales, aunque algo preocupante es con la normalidad que me preocupo por mi seguridad. Este sentido de inseguridad ha dificultado mi habilidad de fotografiar muchas de las ciudades en las que he estado, porque no es seguro andar con la cámara. Me encantaría compartir lo que veo en las calles, pero a veces lo único que puedo hacer es grabar esas imágenes en mi mente y tratar de no olvidarlas nunca; como el chico de 17 años que vi con un carrito lleno de licores al medio día al frente de una caricatura pintada en la pared, o el hombre preparando pescados frescos en un hueco de un muro naranja bajo el sol caliente de Fortaleza.

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Lençóis Maranhenses, Maranhão

Y así, entre imágenes y sensaciones inolvidables, la vida sigue cambiando de ritmo, moviéndose entre los colores y olores y sonidos que componen una ciudad. Las mismas cosas que formaban mi vida en Colombia forman mi vida aquí: voy a mercar, cocino, lavo, limpio, madrugo, veo películas malas, me preocupo por mi presupuesto, me pregunto cuándo voy a poder tener otra noche libre o pasar la mañana entera en la playa. La diferencia es que aquí no tengo las comodidades que hacen estas tareas más fáciles en casa.

Y claro, me la paso trabajando. Sea domingo or martes o viernes, siempre necesito estar disponible para el trabajo. Pero a pesar de las restricciones de una vida laboral normal, también tengo los privilegios de un trabajo a distancia. Hace unas semanas, por ejemplo, viajé casi 170 km al sur de Fortaleza a Canoa Quebrada, un pueblito en la costa que ha sido invadido por los franceses, los ingleses, los portugueses, y eventualmente, los hippies. La historia cuenta que un hombre de Pakistán fue quien dejó la marca más grande cuando talló una luna creciente y una estrella en los acantilados de la playa, un símbolo que hasta hoy representa el pueblo.

Canoa Quebrada

Canoa Quebrada, Ceará

Aunque trabajé todos los días que estuve allá, siempre encontré el tiempo para ir a la playa y salir en las noches a probar la comida y oler la sal en el aire. Me encantaba salir a caminar por las calles empedradas hasta la playa, nadar en las olas fuertes, y admirar la costa Atlántica desde los acantilados. Pero la mejor parte fue escaparme de la ciudad y estar más cerca a la naturaleza; me revitalizó e hizo el regreso a Fortaleza muy difícil.

Aparte de mi blog y otros proyectos en línea, también estoy haciendo intercambio de trabajo en hostales; ya terminé mi trabajo en Fortaleza, la capital del estado de Ceará, ahora estoy trabajando en un hostal en Recife, en el estado de Pernambuco, y trabajaré en otro en Natal, en el estado de Rio Grande do Norte, el próximo mes. Para cumplir con mis compromisos, sólo me pude quedar una semana en São Luís, capital del estado de Maranhão, aunque me hubiera encantado quedarme más tiempo. Y estuve trabajando tanto durante esa semana (por lo que estoy muy agradecida) que ni siquiera pude conocer mucho la ciudad ni visitar las playas. Pero a pesar de pasármela sentada en el computador trabajando, no subí ninguna foto mía así porque no me parece muy interesante, entonces entiendo cómo eso se puede interpretar como excluír parte de la historia, pero ¿de verdad preferirían verme pegada a una pantalla que una foto del mágico centro histórico de São Luís?

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São Luís, Maranhão

Yo sé que si sólo resaltara los días que paso en la playa o en la selva, sería fácil pensar que estoy viviendo una vida idílica visitando playas y ciudades de 400 años—y bueno, lo estoy haciendo—pero no es lo único que hago. La verdad es que he pasado la mayoría de los últimos dos meses sentada trabajando todo el día mientras los otros huéspedes salen a conocer, pasando sus días tomando cerveza en la playa o bailando reggae en algún bar del centro.

Pero no me estoy quejando, aunque tampoco me quejaría de tener más tiempo en la playa o caminando por las calles empedradas de ciudades centenarias construidas con azulejos portugueses. Pero esa es la realidad de Mi Vida Nómada: el trabajo es lo primero, la diversión segundo. Y la mayoría de los días estoy demasiado cansada después del trabajo para hacer otra cosa.

Canoa Quebrada

Canoa Quebrada, Ceará

Pero después pienso, si esos son mis ‘problemas’, no los cambiaría por nada. Y esa es la belleza de mi vida: no se trata sólo de viajar, conocer playas y probar comidas exóticas, sino de tener la libertad de escoger el estilo de vida que más me conviene y que me hace feliz. Pienso que eso es lo que todos deberíamos buscar—hacer lo que nos gusta de una manera sostenible. Porque aunque a mí me encanta viajar, moverme, y conocer lugares y personas nuevas, eso no es necesariamente lo que todo el mundo quiere—no es el estilo de vida para todos.

Entonces pienso que en vez de hablar del lado sofisticado del viaje (porque mi estilo de viajar realmente no es nada elegante), deberíamos cambiar la narrativa para esclarecer que nosotros (‘nómadas’) no dejamos atrás nuestras vidas estables para viajar sólo porque podemos, sino porque debemos. Y si para ti no es una necesidad, no lo hagas; si una vida nómada e incierta no es para ti, no la busques simplemente porque está de moda o porque crees que, según lo que lees en internet, es lo que deberías hacer.

Fortaleza

Fortaleza, Ceará

Creo que, a fin de cuentas, sin importar la vida que escojas, son los momentos pequeños que valen y son los que deberíamos apreciar, porque son esos preciosos segundos e imágenes que se suman para construir nuestros días y semanas y meses y años y, eventualmente, se convierten en nuestras vidas, así que deberían valer la pena. Para mí, esos pequeños momentos me hacen feliz, como caminar por la calle después de hacer alguna vuelta burocrática y ver una pared azul al frente, y darme cuenta que ¡es el Atlántico! O caminar por la playa en camino al mercado y ver una chica en patineta con una tabla de surf bajo el brazo. O hablar con personas de todas partes del mundo y saber que algo nos trajo a todos a este lugar.

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São Luís, Maranhão

Me encanta el camino que he encontrado, y me sorprendo a mí misma constantemente en este viaje con todo lo que estoy aprendiendo, como cuando tengo una conversación profunda con alguien en portugués y me doy cuenta que ya puedo expresar mis ideas claramente en este idioma. O cuando finalmente descubro cuál bus coger sin tenerle que preguntar a todo con quien me tropiezo en la calle. Así que espero que sigas este viaje a través de mis fotos e historias, y que si piensas que estoy fallando en mi manera de documentar mi viaje, ¡me lo digas!

English Version
Mi Vida Nómada

 

My Nomadic Life: My Real Life

I’ve been reading a lot recently about the reality behind popular blog posts and how the lives of travel bloggers in particular are glamourised to get more likes and shares on social media platforms. Of course, it can’t be denied that some bloggers hide some of the truth to spare their followers from having to witness the boring or difficult side of perpetually travelling, like the long waits at bus stations and airports, uncomfortable rides in trucks and motorbikes, and sometimes more downtime than you know what to do with.

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Ilha de Cotijuba, Pará

Although I mostly post pictures of the beautiful landscapes and cities I’ve visited—because they’re what I take away with me—I’ve tried to keep it real when describing my frustration during ridiculously long and uncomfortable boat rides, or with not feeling at home everywhere I land. I do this because I not only want to show what it’s really like to live a Nomadic Life, but because I’m merely documenting my travels through Brazil, not competing for likes (clearly) or wanting to make people jealous of my chosen lifestyle.

I’m actually living a pretty normal life, I just happen to be doing it on the move, on the road, in Brazil. I do normal things like worry about my safety (it’s messed up that I find this normal), which has put a damper on my ability to photograph many of the beautiful cities I’ve been in, because it’s not safe to walk around with a camera. I’d love to share what I see when I’m walking down the street, but sometimes all I can do is burn these images in my head and hope to never forget them; like the 17 year-old with a cart full of liquor in front of a comic strip piece of graffiti, or the man chopping up fish in a hole in a bright orange wall under the hot midday sun in Fortaleza.

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Lençóis Maranhenses, Maranhão

But life goes on, changing pace and rhythm, moving through the colours and smells and sounds that make up a city. The same things that made up my life in Colombia make up my life here: I go grocery shopping, I cook, wash, clean, wake up early, stream bad shows at night, worry about my budget, wonder when I can take a night off or spend the morning at the beach. Except here, I don’t have the comforts of home that make all these menial tasks much easier than they are on the road.

I’m also always on-call at work, which means it doesn’t matter if it’s Sunday or Tuesday or Friday, I need to be available. But in spite of the restrictions of a regular life, I do also have the privileges of a remote lifestyle. A couple of weeks ago, for instance, I travelled nearly 170 km south of Fortaleza to Canoa Quebrada, a town on the coast that’s been invaded by the French, the British, the Portuguese, and eventually, the hippies. The story says it was a Pakistani man who left the biggest mark on the small town by carving a crescent moon and star in one of the beachside cliffs—a symbol that still represents the town today.

Canoa Quebrada

Canoa Quebrada, Ceará

Although I worked every single day I was there, I always managed to take beach breaks and take some time in the evenings to taste the local food and smell the salty air. I loved walking around the cobble-stone streets and down to the beach, swimming in the rough water and admiring the Atlantic coastline from the high cliffs. It was great to escape the city for a few days and be closer to nature; it revitilised me  and made going back to Fortaleza pretty hard.

Besides my blog and other internet-based projects, I’m also doing work exchange at hostels; I already finished my work in Fortaleza, capital city of the state of Ceará, and I’m working at two more hostels in Recife and Natal. To stay on schedule, I was only able to stay a week in São Luís, the capital city of the state of Maranhão, a much shorter time than I would have liked. And I had so much work during that week (which I’m so grateful for, by the way) that I didn’t even have the chance to see much of the city or even go to the beach. And it’s understandable that these aren’t the type of things that we post as travel bloggers, because I’m not about to take a photo of myself working just to show you what I look like sitting down with my computer.

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São Luís, Maranhão

I know that if I only highlighted my days spent at the beach or in the jungle, my readers could easily think I’m living an idyllic life frolicking on beaches and visiting 400 year-old cities—which OK, I am doing—but it’s not all I’m doing. I’ve honestly spent most of the past two months sitting in hostels, on my laptop, working away while all the other guests go out sight-seeing, spending their days drinking beer at the beach or dancing in some reggae bar downtown.

Now, don’t get me wrong, I’m not complaining, though I wouldn’t complain about having more time to spend at the beach or walking through centuries-old cities built with colourful Portuguese tiles, either. But that’s the reality of My Nomadic Life: work still comes first, play second. And most days I’m too tired after work to do much else.

Canoa Quebrada

Canoa Quebrada, Ceará

But then I think, if those are my ‘problems’, I definitely wouldn’t trade them for anyone else’s, and that’s the beauty of my life: it’s not just about travelling, about beaches and exotic meals, but about the freedom to choose the lifestyle that suits me best. And that’s what I think everyone should strive for: doing what you love and making it sustainable. Yes, I love to travel, I love to move around and learn about new places and people, but that’s not necessarily what everyone wants, or the kind of life everyone will thrive on.

So I think that rather than talking about the glamorous side of travelling (cuz it’s mostly not!), we should change the discourse to distinguish that we (nomads, if you will) don’t leave our stable lives to travel simply because we can, but because we must. And if you mustn’t, then don’t; if a nomadic, uncertain life isn’t for you, don’t go chasing it just because it’s ‘in’ or because you think it’s what you should do…according to the internet.

Fortaleza

Fortaleza, Ceará

I believe at the end of the day, no matter what kind of life you choose, it’s the little moments that matter, the ones we should treasure, because it’s those precious seconds and images that add up to become days and weeks and months and years and eventually, our lives, so they should be worth it. For me, it’s walking down the street after dealing with some bureaucratic nonsense and seeing a wall of blue straight ahead—and realising it’s the Atlantic Ocean! It’s strolling along the beach on my way to the supermarket and seeing a girl skateboarding down the main street with a surfboard under her arm. It’s talking to people from all over the world on any given day, knowing something about this place brought us all together.

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São Luís, Maranhão

I love the path I’m on; I am constantly surprising myself on this journey with how much I’m learning—like when I have a deep conversation with someone in Portuguese and I think, ‘Wow, that just happened!’, or when I finally figure out which bus to take without asking every single person I see on the road—so I hope you keep following my travels through my photos and stories. And if you ever think I’m slipping in my portrayal of this journey, I hope you call me out on it.

Versión En Español
My Nomadic Life