Mi Vida Nómada: Vida en Movimiento

life-in-motion-10-ba-2

Llegando a Salvador de Bahía, Brasil

—Encontré un pasaje barato y salgo esta noche para Barcelona —me dice mi amigo de Israel una mañana en Salvador de Bahía, Brasil, mientras sacaba de su mochila todo lo que no iba a necesitar en Europa pero que fue esencial para su último año en Sur América.

Existen personas así que pueden ir de un continente a otro con sólo unas pocas horas de anticipación, pero yo no soy una de ellas. A veces pienso que me gustaría ser así, pero la verdad es que me gusta programar mis viajes, y aunque evito investigar mucho de mi destino, porque me gusta sorprenderme y descubrirlo a mí manera, rehuso llegar a un lugar que no conozco a dar vueltas buscando dónde dormir.

life-in-motion-5-rgn-2

Galinhos, Rio Grande do Norte, Brasil

Antes de llegar a Manaus en octubre del 2015, ya tenía una idea clara de mi ruta y horario. Y sí, a veces he querido cambiar de planes, perderme un vuelo o irme sin dar aviso, pero me he desviado muy poco del viaje que tracé en mi mente y en mapas después de mi primera visita al Amazonas en el 2012.

Para viajar lento y barato, y conocer la cultura y aprender el portugués de Brasil, siempre  escojo el pasaje más barato aunque lo tenga que comprar con dos meses de anticipación, y el descuento en alojamiento aunque tenga que comprometerme a quedarme a “largo plazo” (de diez días hasta un mes). Hasta ahora, me siento segura que mi ruta me ha llevado justo adonde necesito llegar.

life-in-motion-6-rj-2

Copacabana, Rio de Janeiro, Brasil

Lo que pasa también es que igual no me gusta acomodarme mucho porque cuando estoy cómoda se me olvida que una de las cosas que más me gusta de este viaje y mi vida nómada en Brasil es el movimiento en sí. Además he aprendido que la incomodidad produce creatividad, curiosidad, y productividad, mientras la comodidad se convierte en complacencia y la consolidación de rutinas repetitivas.

Después de vivir en seis países diferentes en cuatro continentes, no sólo me he acostumbrado a desacomodarme sino que me gusta. Es más, me encanta. No hay nada como llegar a un lugar nuevo, desempacar, empezar de cero, y volverme a ir, volverlo a hacer. Es casi como si me gustara la comodidad, pero no tanto; casi como si me gustara la estabilidad, pero no en serio; casi como si me quisiera quedar quieta, pero no lo suficiente para hacerlo.

life-in-motion-7-pa-2

Río Amazonas, Pará, Brasil

Con cada año que pasa, cada ciudad, país, río y playa, crece mi gusto por moverme y cada vez me muevo más despacio y con más tiempo, con calma, sin forzar los descubrimientos que sólo se hacen viviendo lejos de casa. He seguido mis caprichos por este universo paralelo por casi un año, en el cual no me he quedado más de dos meses en un solo lugar; siempre me estoy moviendo de cama, de cuarto, de hostel, de ciudad, de estado, de latitud, de playa.

A ese ritmo, y en un país tan grande como Brasil, es inevitable pasar horas y hasta días incontables en movimiento: en barcos, lanchas, buses, trenes, carros, aviones… Con mis casi 30 kg de equipaje a los hombros, he caminado kilómetros por calles empinadas, empedradas, de tierra y de asfalto, subiendo y bajando escalas, peleando por espacio en las horas pico, sonriendo ante las miradas atónitas de aquellos que no se explican qué hago sola con esas mochilas, en esa ruta, sudando, bajo el sol o la lluvia, siempre con un paquete de castañas o sequilhos en la mano. Nadie se imagina que estoy esperando otro bus, otro tren, otro mapa que me lleve al próximo destino, cualquiera que sea.

life-in-motion-9-pe-2

Saliendo de Recife, Pernambuco, Brasil

El transporte—el movimiento—ha sido un factor contundente en mi viaje, aunque muchas veces sea descartado como algo necesario pero sin trascendencia, una forma inescapable de escapar de lo que sea que estoy huyendo—¿o encontrando?—en este viaje sin comienzo ni fin.

life-in-motion-4-rgn-2

Galinhos, Rio Grande do Norte, Brasil

Pero son esos mismos momentos en que el sentido de aventura realmente se apodera de mí. Cuando estoy en una carretera esperando que pase el bus, o en la terminal esperando que otro salga; cuando llego a una ciudad nueva y me la paso leyendo los nombres de las calles, repasando los mapitas dibujados en mi libreta de apunte… Son esos los momentos en que la adrenalina y la emoción se encargan de llevarme hasta mi destino a pesar del cansancio y el hambre, de las ganas de un baño que no se mueva y de dormir en posición horizontal. Son esos momentos los que realmente marcan este viaje que me está llevando a conocer este país-continente. Y seguiré devorando mapas e imaginando rutas hasta que llegue el próximo bus.

Mi Vida Nómada
English Version
Advertisements

Mi Vida Nómada: Encontrando mi Libertad en la Naturaleza

Antes de llegar a Fortaleza me estaba sintiendo un poco atrapada en Barreirinhas; no me sentía en casa y me la pasaba soñando con la playa y los Lençóis Maranhenses, un parque nacional en el estado brasileño de Maranhão. El parque cuenta con 155,000 hectáreas de desierto de arenas blancas, y durante la temporada de lluvias se llenan los espacios entre las dunas, que pueden llegar a medir hasta 40 metros de altura, creando lagunas alucinantes. Tristemente, estuve allá en la temporada seca y sólo una de las lagunas tenía un poco de agua. Pero estaba determinada a ver este lugar, así fuera sin el agua, entonces decidí ir caminando desde Barreirinhas con Maduro, uno de los guías locales.

Quería conectarme con la naturaleza como lo hice en el Amazonas; quería sentir la libertad que sólo consigo haciendo ejercicio físico en un lugar natural. Estaba tan emocionada por llegar allá, que no preocupé por la ida, y ni consideré lo que realmente sería caminar hasta allá. Me desperté a las 4:15 am cuando todavía estaba oscuro y un poco frío, tomé una ducha fría para despertarme del todo, me tragué una taza de café y un pan, y a las 5:00 am Maduro y yo estábamos saliendo del pueblo.

lencois maranhenses 15

Como a las 5:20 am cruzamos el hermoso río Preguiças en un pequeño ferry, y empecé a sufrir el momento que nos bajamos al otro lado en la población de Cantinho. Las calles no están pavimentadas en Cantinho; de hecho, parecen más ríos de arena que caminos. Y como llovió en la noche la arena tenía una capa mojada encima pero seguía suelta debajo, lo que creó una capa de arena mojada que se me pegó permanentemente en los pies descalzos; además se volvía más pesada con cada paso, hundiéndome hasta los tobillos.

lencois maranhenses 20

Maduro estaba andando tranquilo entre la arena, acostumbrado a hacerlo toda su vida. A veces lo perdía de vista detrás de una curva o un arbusto, y pensaba en salir corriendo de regreso al pueblo, en rendirme, en escaparme de este esfuerzo; cuando salí en este paseo, no pensé que el camino fuera a ser tan exigente. Pero me enfoqué en las dunas de arena, en la magnitud de este lugar que iba a conocer, y mi terquedad perseveró sobre el cansancio.

Caminamos unas cuatro horas sobre la arena mojada, entre un paisaje casi desértico, rodeado de arbustos y cactus, algunos árboles de marañón, y otras plantas que producen todo tipo de frutas extrañas y deliciosas, como la jatoba y el guajiru, que me tragué mientras me insistía a mí misma que disfrutara del camino y no me preocupara cuánto tiempo nos íbamos a demorar… Pero, ¿cuánto tiempo nos vamos a demorar, Maduro? Y él sólo me respondía,—Qué, ¿está cansada?—sonreía y seguía caminando sin mucho esfuerzo.

lencois maranhenses 17

Estaba sudando tanto, que me estaba chupando mi propio sudor de la cara para rehidratarme. Bueno, atrapar el sudor con la lengua mientras lo sentía bajar hacia mi boca seguro no era más que un reflejo, pero al probar el líquido salado que caía despiadadamente por mi cara, me convencí a mí misma que probablemente era un método sostenible de rehidratación.

A un poco más de medio camino vi un puente de madera. No lo podía creer, ¡tierra firme! Traté de correr hacia el puente, hundiéndome en la arena, ciega por el sudor, emocionada por la mera posibilidad de caminar en tierra firme aunque fuera sólo un poquito. Y terminó siendo bien poquito—un poco más de 4 metros para ser exacta. Pero fue increíblemente satisfactorio, y paramos a descansar unos minutos y tomar agua (en vez de sudor) antes de seguir.

lencois maranhenses 23

Me seguía diciendo a mí misma,—Vas a sobrevivir, ni pienses en el regreso,—mientras trataba de seguirle el paso a Maduro. Y de pronto las vi: dunas tan grandes y blancas que parecían montañas cubiertas con nieve. No lo podía creer ¡habíamos llegado a los Lençóis Maranhenses! En ese momento dejé de sentir cansancio en el cuerpo, mis piernas se llenaron de energía, y mi mente estuvo libre de preocupaciones o ansiedades; lo único que quedó fue mi sonrisota que reía sin aliento.

lencois maranhenses 33 B&W

Subimos por una duna enorme que nos llevó a uno de los paisajes más increíbles que he visto en mi vida: filas interminables de dunas amarillas, blancas y naranja esculpidas entre grietas profundas donde se acumula el agua cuando llueve, y decoradas con arbustos y árboles verdes azotados por el viento. La inmensidad de este lugar me dejó sin palabras y me hizo sentir diminuta; no éramos más que punticos moviéndonos en este terreno implacable. Caminamos hacia la única laguna que tenía un poco de agua, para satisfacer la promesa de refrescarnos y descansar.

Llegamos a la pequeña Lagõa do Peixe, la laguna del pez, que tendría unos 30 cm de agua negra como mucho, pero nos metimos felizmente mientras caía una llovizna. Rodé por una duna directo al agua, y nadé entre los pecesitos. Fuera del agua, ranitas miniaturas del mismo color de la arena saltaban lejos de nosotros. Definitivamente no era lo que había visto en fotos (por favor, busca este lugar en Google), ni lo que había imaginado al ver los espacios profundos entre las dunas, donde aún se veían rastros de agua, pero fue un lugar que se robó mi corazón; los canales que se convertirán en ríos después de una lluvia fuerte me provocaban con la promesa de lagunas turquesas entre la arena blanca. Fue absolutamente espectacular.

lencois maranhenses 40

Mientras Maduro tomaba una siesta bajo un árbol, exploré las dunas con mi cámara. Después de unas horas de dar vueltas, teniendo mucho cuidado de no perder de vista la laguna, y de comer sardinas y galletas, vimos llegar un grupo de turistas en un 4×4. Tal como había planeado (pero rehusaba prometer), Maduro habló con el conductor quien acordó llevarnos de regreso al pueblo. A pesar de haber pasado una mañana lindísima en uno de los lugares más hermosos del mundo, oír la noticia que no tendría que caminar de regreso fue uno de los mejores momentos del día.

Mientras caminábamos bajo las pesadas nubes grises hacia los carros, Maduro me mira y me dice,—Va a llover…duro—. Unos 30 segundos después, se desató una tormento sobre nosotros. El viento era tan fuerte que no estaba segura si era el agua o la arena que me estaban latigueando, ¡pero dolía mucho! Estaba emparamada y tan feliz. El camino de regreso fue muy movido y las ramas de los árboles me raspaban las piernas y los brazos mientras acelerábamos entre los caminos de arena, pero aún así fue mejor que tener que caminar otra vez.

lencois maranhenses 67

Galería de Fotos
English Version
Mi Vida Nómada

My Nomadic Life: Finding Freedom in Nature

Before I reached Fortaleza, I was feeling a bit stuck in Barreirinhas, not feeling quite at home, dreaming of the beach and the Lençóis Maranhenses, a national park in Brazil’s state of Maranhão. The park is made up of 155,000 hectares of white sand desert, and during the rainy season, hallucinating lagoons fill up the spaces between the enormous dunes which can be up to 40 metres high. Sadly, I was there during the dry season and only one of the lagoons had a tiny bit of water. Determined to see this place, even without the water, I decided to walk there from Barreirinhas with one of the local guides, Maduro.

I wanted to connect with nature like I did in the Amazon; I wanted the freedom that I only seem to get from physical exercise in a natural setting. I was so excited to get there, I didn’t worry about getting there and didn’t really consider what walking there would entail when I agreed to go. I got up at 4:15 am when it was still dark and even a bit chilly, had a quick, cold shower to completely wake myself up, gulped down a huge cup of coffee and some bread, and by 5:00 am, Maduro and I were walking out of town.

lencois maranhenses 15

At about 5:20 am, we crossed the beautiful Preguiças River on a small ferry, and my struggle began as soon as we got off at the other side in Cantinho. The roads aren’t paved in Cantinho; in fact, they’re more like flowing rivers of sand than paths. And because it had rained overnight, the sand was wet on the surface but still loose underneath. This made what would already be difficult so much harder because a thick layer of sand got permanently stuck on my bare feet and grew heavier with every step, weighing me down and making me sink ankle-deep into the sand.

lencois maranhenses 20

Maduro wasn’t struggling, of course, having walked through the sand his whole life. I would lose him sometimes beyond a curve in the path, behind the shrubbery, and consider running back, giving up, escaping this endeavour that was requiring way more effort than I had originally intended to exert. But I kept my mind focused on the sand dunes, on the sheer magnitude of this place I was about to see, and my stubborn reluctance to give up persevered.

We walked for about four hours over the wet sand, surrounded by shrubs and cacti, a few caju (cashew) trees, and plants that breed all sorts of strange and delicious fruit, like the jatoba and guajiru, which I greedily gobbled up as I told myself to enjoy the journey and not worry about how long it was going to take… But, how much longer will it take, Maduro? All he’d answer was, “What, you tired?” smile, and effortlessly walk ahead.

lencois maranhenses 17

I was sweating so badly, I was licking the sweat off my own face to rehydrate. OK, catching the sweat with my tongue as it dripped down to my mouth was most likely just a reflex, but as I tasted the salty liquid that was mercilessly pouring down my face, I convinced myself it was probably a sustainable method of rehydration.

Just over half-way there, I looked up and saw a wooden bridge. I couldn’t believe it, firm land! I did my best to run toward it, sinking in the sand, blinded by the sweat, exhilarated at the thought of walking on solid ground for just a little bit. And it really ended up being a little bit—just over 4 metres to be exact. It was incredibly  satisfying, so we stopped to rest for a few minutes and drink some water (rather than sweat) before moving on.

lencois maranhenses 23

I kept telling myself, “You’ll make it, you’ll survive, don’t even think about the way back,” as I tried to keep up with Maduro. And then I saw them: dunes so big and white they looked like snow-capped mountains. I couldn’t believe it, we were there, I had made it to the Lençóis Maranhenses! At that moment, the exhaustion left my body, my legs were reenergised, my mind clear of worries or anxieties, and my smile huge and breathless.

lencois maranhenses 33 B&W

We walked up one of the big dunes which led to one of the most incredible landscapes I’ve ever seen: rows and rows of white, yellow, and orange sand dunes, carved by deep crevasses (where the water gathers when it rains) and dotted by bright green shrubs and a few wind-swept trees. The immensity of this place left me speechless and made me feel so small; we were no more than specs moving along this unforgiving terrain. We walked toward the only lagoon that had water in it, to satisfy the promise of cooling off and taking a rest.

We reached the small Lagõa do Peixe—Fish Lagoon—which might have had 30 cm of blackish water at the most, but we dove in happily as a light rain started falling. I rolled down a dune and fell straight into the water, swimming among the tiny fish. On land, miniature frogs the colour of the sand jumped almost imperceptibly away from us. It definitely wasn’t what I’d seen in the pictures (do yourself a favour and Google this place), nor what I imagined as I looked at the deep spaces between the dunes, where traces of the water were still visible, but it completely stole my heart; the channels that become rivers after a heavy rain were teasing me with the promise of turquoise lagoons amid the white sand, and it was absolutely spectacular.

lencois maranhenses 40

While Maduro took a nap under a tree, I explored the dunes with my camera. After a couple of hours of roaming around, being extremely careful to not lose sight of the lagoon, and eating some sardines and crackers, we saw a group of tourists arrive in a 4×4. Just like he’d planned (but refused to promise), he spoke to the driver who agreed to give us a ride back to town. Despite having spent an amazing morning in one of the most beautiful places in the world, hearing the news that I wouldn’t have to walk all the way back was one of the best moments of the day.

As we walked under deep, grey clouds to where the cars were packed, Maduro turned around and said, “It’s about to rain…hard.” About 30 seconds later, a storm exploded over our heads. The wind was so strong, I wasn’t sure if it was the water or the sand that was blasting against me, but it hurt! I was soaking wet and so happy. The rain slowed down by the time we got in the car and started making our way back. The ride was bumpy and branches were whipping my legs and arms as we raced through the trees, but it was still better than walking back.

lencois maranhenses 67

Photo Gallery
Versión en Español
My Nomadic Life

Mi Vida Nómada: Mi Vida Real

He estado leyendo mucho sobre la realidad detrás de algunos de los posts más populares en internet, y cómo las vidas de los blogueros de viajes particularmente son curados para conseguir más ‘likes’ y ser compartidos en las redes sociales. No se puede negar que algunos blogueros esconden la realidad de sus viajes para que sus seguidores no tengan que presenciar el aburrimiento que a veces acompaña los viajes perpetuos, como las esperas eternas en estaciones de buses y aeropuertos, los viajes incómodos en camiones y motos, y a veces, más tiempo libre de lo que uno quisiera tener.

Cotijuba Belem 5

Isla de Cotijuba, Pará

Aunque normalmente sólo subo fotos de los paisajes y ciudades que he visitado—porque son las imágenes que me llevo de cada lugar y las que quiero compartir—he tratado de mantener la veracidad de mis historias compartiendo también mi frustración durante viajes larguísimos e incómodos en barcos, o de no sentirme en casa en todos los lugares adonde llego. Hago esto porque, no sólo quiero mostrar la realidad de una Vida Nómada, sino porque simplemente estoy documentando mis viajes por Brasil; no estoy compitiendo por ‘likes’ (obviamente) ni queriendo causar envidia por la vida que he escogido vivir.

La verdad es que estoy viviendo una vida muy normal mientras viajo por Brasil, sólo que estoy cambiando de ciudad constantemente. Generalmente, mis días son bastante normales, aunque algo preocupante es con la normalidad que me preocupo por mi seguridad. Este sentido de inseguridad ha dificultado mi habilidad de fotografiar muchas de las ciudades en las que he estado, porque no es seguro andar con la cámara. Me encantaría compartir lo que veo en las calles, pero a veces lo único que puedo hacer es grabar esas imágenes en mi mente y tratar de no olvidarlas nunca; como el chico de 17 años que vi con un carrito lleno de licores al medio día al frente de una caricatura pintada en la pared, o el hombre preparando pescados frescos en un hueco de un muro naranja bajo el sol caliente de Fortaleza.

lencois maranhenses 52 B&W

Lençóis Maranhenses, Maranhão

Y así, entre imágenes y sensaciones inolvidables, la vida sigue cambiando de ritmo, moviéndose entre los colores y olores y sonidos que componen una ciudad. Las mismas cosas que formaban mi vida en Colombia forman mi vida aquí: voy a mercar, cocino, lavo, limpio, madrugo, veo películas malas, me preocupo por mi presupuesto, me pregunto cuándo voy a poder tener otra noche libre o pasar la mañana entera en la playa. La diferencia es que aquí no tengo las comodidades que hacen estas tareas más fáciles en casa.

Y claro, me la paso trabajando. Sea domingo or martes o viernes, siempre necesito estar disponible para el trabajo. Pero a pesar de las restricciones de una vida laboral normal, también tengo los privilegios de un trabajo a distancia. Hace unas semanas, por ejemplo, viajé casi 170 km al sur de Fortaleza a Canoa Quebrada, un pueblito en la costa que ha sido invadido por los franceses, los ingleses, los portugueses, y eventualmente, los hippies. La historia cuenta que un hombre de Pakistán fue quien dejó la marca más grande cuando talló una luna creciente y una estrella en los acantilados de la playa, un símbolo que hasta hoy representa el pueblo.

Canoa Quebrada

Canoa Quebrada, Ceará

Aunque trabajé todos los días que estuve allá, siempre encontré el tiempo para ir a la playa y salir en las noches a probar la comida y oler la sal en el aire. Me encantaba salir a caminar por las calles empedradas hasta la playa, nadar en las olas fuertes, y admirar la costa Atlántica desde los acantilados. Pero la mejor parte fue escaparme de la ciudad y estar más cerca a la naturaleza; me revitalizó e hizo el regreso a Fortaleza muy difícil.

Aparte de mi blog y otros proyectos en línea, también estoy haciendo intercambio de trabajo en hostales; ya terminé mi trabajo en Fortaleza, la capital del estado de Ceará, ahora estoy trabajando en un hostal en Recife, en el estado de Pernambuco, y trabajaré en otro en Natal, en el estado de Rio Grande do Norte, el próximo mes. Para cumplir con mis compromisos, sólo me pude quedar una semana en São Luís, capital del estado de Maranhão, aunque me hubiera encantado quedarme más tiempo. Y estuve trabajando tanto durante esa semana (por lo que estoy muy agradecida) que ni siquiera pude conocer mucho la ciudad ni visitar las playas. Pero a pesar de pasármela sentada en el computador trabajando, no subí ninguna foto mía así porque no me parece muy interesante, entonces entiendo cómo eso se puede interpretar como excluír parte de la historia, pero ¿de verdad preferirían verme pegada a una pantalla que una foto del mágico centro histórico de São Luís?

Sao Luis 28

São Luís, Maranhão

Yo sé que si sólo resaltara los días que paso en la playa o en la selva, sería fácil pensar que estoy viviendo una vida idílica visitando playas y ciudades de 400 años—y bueno, lo estoy haciendo—pero no es lo único que hago. La verdad es que he pasado la mayoría de los últimos dos meses sentada trabajando todo el día mientras los otros huéspedes salen a conocer, pasando sus días tomando cerveza en la playa o bailando reggae en algún bar del centro.

Pero no me estoy quejando, aunque tampoco me quejaría de tener más tiempo en la playa o caminando por las calles empedradas de ciudades centenarias construidas con azulejos portugueses. Pero esa es la realidad de Mi Vida Nómada: el trabajo es lo primero, la diversión segundo. Y la mayoría de los días estoy demasiado cansada después del trabajo para hacer otra cosa.

Canoa Quebrada

Canoa Quebrada, Ceará

Pero después pienso, si esos son mis ‘problemas’, no los cambiaría por nada. Y esa es la belleza de mi vida: no se trata sólo de viajar, conocer playas y probar comidas exóticas, sino de tener la libertad de escoger el estilo de vida que más me conviene y que me hace feliz. Pienso que eso es lo que todos deberíamos buscar—hacer lo que nos gusta de una manera sostenible. Porque aunque a mí me encanta viajar, moverme, y conocer lugares y personas nuevas, eso no es necesariamente lo que todo el mundo quiere—no es el estilo de vida para todos.

Entonces pienso que en vez de hablar del lado sofisticado del viaje (porque mi estilo de viajar realmente no es nada elegante), deberíamos cambiar la narrativa para esclarecer que nosotros (‘nómadas’) no dejamos atrás nuestras vidas estables para viajar sólo porque podemos, sino porque debemos. Y si para ti no es una necesidad, no lo hagas; si una vida nómada e incierta no es para ti, no la busques simplemente porque está de moda o porque crees que, según lo que lees en internet, es lo que deberías hacer.

Fortaleza

Fortaleza, Ceará

Creo que, a fin de cuentas, sin importar la vida que escojas, son los momentos pequeños que valen y son los que deberíamos apreciar, porque son esos preciosos segundos e imágenes que se suman para construir nuestros días y semanas y meses y años y, eventualmente, se convierten en nuestras vidas, así que deberían valer la pena. Para mí, esos pequeños momentos me hacen feliz, como caminar por la calle después de hacer alguna vuelta burocrática y ver una pared azul al frente, y darme cuenta que ¡es el Atlántico! O caminar por la playa en camino al mercado y ver una chica en patineta con una tabla de surf bajo el brazo. O hablar con personas de todas partes del mundo y saber que algo nos trajo a todos a este lugar.

Sao Luis 16

São Luís, Maranhão

Me encanta el camino que he encontrado, y me sorprendo a mí misma constantemente en este viaje con todo lo que estoy aprendiendo, como cuando tengo una conversación profunda con alguien en portugués y me doy cuenta que ya puedo expresar mis ideas claramente en este idioma. O cuando finalmente descubro cuál bus coger sin tenerle que preguntar a todo con quien me tropiezo en la calle. Así que espero que sigas este viaje a través de mis fotos e historias, y que si piensas que estoy fallando en mi manera de documentar mi viaje, ¡me lo digas!

English Version
Mi Vida Nómada

 

Nomadic Life: Finding the Road from Manaus

Manaus - parqueFor a few weeks now I’d been trying to write about Manaus, this strange, crazy, concrete jungle of a city which I can’t quite figure out but have loved from the night I arrived. Located in the middle of the Amazon Rainforest, Manaus is home to 2.5 million people aManaus - ruand spreads out over 11,000 km² along the banks of the Rio Negro. I’ve spent my days visiting its old buildings and walking its pot-holed streets, wondering what I can write about this exotic, weird place.

I’ve been here for over a month and yet I was stuck, unsure what to say about this grey oasis that only hints at the great jungle that surrounds it, lulling us with its oppressive heat into forgetting where we are, offering no respite from the giant, hot sun, unapologetic for obscuring nature with its tall buildings and cracked asphalt, still clinging on to the remnants of the rubber boom that built the city amidst the thick jungle in the late XIX century.

I couldn’t write, I wasn’t sure about anything anymore, and I was starting to feel unsure of my purpose. And then I read my friend Carolina’s blog post about her first month of travelling solo in South Asia and how she, too, had writer’s block until she realised that everything turns into something different than what you planned when you’re on the road, and that’s the beauty of it, that is what we seek. When I was reminded of that, I was inspired, not only to write, but to make an actual plan, to set goals for myself that I could methodically work toward. I love the nomadic life, how unexpected and chaotic it can be, but in both writing and life, I like turning chaos into a more tangible, spontaneously planned state of disorder.

Manaus - orelhaoSo I started planning, and changing those plans, and guessing, and second-guessing, and I finally came up with a schedule and budget of sorts that should see me through to mid May, 2016. I figured that having an idea of what I’m doing for the next five and a half months is enough planning, and now that my calendar’s filled up with the names of exotic locations, I can go back to dreamily drifting through Brazil’s hallucinating Amazonas and north-east coast.

During the next five and a half months I’ll travel nearly 6,000 kms away from Manaus and its incredible market place, its colonial architecture, its history and culture, its freshwater beaches, churches, and of course, all the cupuaçu picoles and din-din (tropical fruit popsicles and frozen juices in a bag) I could dream of! I don’t know what will happen or who I’ll meet, but I do know I’ll be in Belém for New Year’s, in São Luis and the Lençois Maranhenses in January, in Fortaleza for Carnaval, in Recife in March, and then back up to Natal in April. I know I’ll visit the beaches of Pipa and Olinda along the way, and sometimes wish I hadn’t planned so far ahead.

I know I can hinder myself and the possibility of taking spontaneous opportunities by schedulling the next six months, but having this purpose, this trail, gives me a sense of responsibility to myself, to fulfil this plan, to follow through and make my way down the Atlantic coast, all the way to neighbouring Uruguay, then Argentina, and then finally back to Colombia… before going to France.

OK, so I’m a compulsive travel planner! But life is short and full of wonder, and it’s too easy to get lost in the mundane, in the comfort of stability or instability, and I don’t want to miss a beat. To see what comes next, follow me on this uncertainly planned journey of discovery and learning.

Versión en Español
Nomadic Life

Daily Life: USA

I was in the USA this past May and June visiting friends and family and doing a bit of sight-seeing in New York, Washington DC, Los Angeles and San Francisco. I hadn’t been in the United States in 8 years and had never been to New York or San Francisco, two of my bucket list destinations.

So I flew over the Caribbean and after a few delays, I was in my new suburban home in Potomac, Maryland where I watched the trees change from pink to green; in New York, I walked past a crime scene; in California, I saw the red-suited ligefuards on the beaches of Malibu and gawked at the Redwoods of Muir Woods outside San Francisco.

I rode buses, trains, cars, cable cars and ferries in and around these four cities. I walked over two of the country’s most iconic bridges and flew over some of its most impressive landscapes.

I ate delicious food (mostly cheese, let’s be honest) and took every chance I could to indulge in my curious observations of  daily life in the US, from commuters and tourists struggling for space on the Brooklyn Bridge, to the lives of the rich and famous in Beverly Hills.

I was there long enough to get used to daily life, to gain a bit of weight from all the cheese food I ate, and by the end I even managed to wrap my head around the sun setting at 8.30pm. I thought about staying–just for the summer–to earn some dollars, crash some festivals, have a summer fling, maybe? I thought I could have my own American summer, just like the movies.

But I was too busy living to make plans and so, sooner than I’d have liked, I was on a flight back to Ft Lauderdale and then to Cartagena, followed by a bus home to Santa Marta, a colonial city on Colombia’s Caribbean coast. And despite returning to the warmth I’d been craving, the smell of the ocean, the cold tropical fruit juices on the streets, I wasn’t all that excited about being home; I couldn’t stop thinking about going back.

The day after I got home, my head still in the gringo clouds, I went to the beach with my friends, swam in the warm ocean, had some wine, and kinda got over it. Why chase after the American dream when I’m living the Colombian dream?

Even though I didn’t explore it further, I lived my American Dream for 6 amazing weeks. The USA completely exceeded my expectations, impressed me in so many ways, and left me hungry for more. I couldn’t have imagined a better journey.

Check back soon for more photos of both Colombia and the United States!

DAILY LIFE / VIDA COTIDIANA
Travel / Viajes – 20152011-2014

Yaigojé-Apaporis: Protegiendo la Selva Colombiana / Protecting the Colombian Jungle

Para celebrar el estreno del documental “Yaigojé-Apaporis: Conocimiento Tradicional para la Protección de la Amazonía Colombiana“, vuelvo a compartir la historia de mi viaje al Amazonas como traductora para dicho corto.
*
To celebrate the release of the documentary “Yaigoje-Apaporis: Tradicional Knowledge at the Heart of Protecting the Colombian Amazon“, I’m re-posting the story of my journey to the Amazon as a translator for this short.

*

AMAZONAS: Visiones De La Selva / Jungle Visions

Amazonas map 1

ubicación de La Pedrera

En mayo de 2014 tuve la oportunidad de regresar al Amazonas colombiano, esta vez para trabajar como traductora en un documental sobre la minería y la importancia del oro para las etnias indígenas del Resguardo y Parque Nacional Natural Yaigojé-Apaporis.

A continuación, una selección de fotografías del trayecto que me llevó, junto con el director del documental, Jess Phillimore, y nuestros guías y acompañantes de la Fundación Gaia Amazonas, a la selva colombiana. Viajé desde Santa Marta a Bogotá, de donde salimos juntos a Leticia, capital del departamento de Amazonas en el extremo sur del país, y su ciudad hermana brasilera, Tabatinga. De allí salimos hacia La Pedrera, un pueblo del que sólo había leído hace unos años en el libro de Germán Castro Caycedo Perdido en el Amazonas y con el cual había tenido una leve obsesión desde entonces.

*

Amazonas map 2

location of La Pedrera

In May 2014, I had the opportunity to return to the Colombian Amazon, this time working as a translator for a documentary film on mining and the significance of gold for the indigenous ethnic groups of the Yaigoje-Apaporis territory and National Natural Park.

Below, a selection of photographs of the journey that took me, along with the film’s director, Jess Phillimore, and our guides and companions from Gaia Amazonas, to the Colombian jungle. I travelled from Santa Marta to Bogota, from where we journeyed together to Leticia, capital city of the state of Amazonas in the southernmost part of the country, and Tabatinga, its Brazilian sister city. From there, we left toward La Pedrera, a small town of which I’d only every read about a few years ago in German Castro Caycedo’s book, Lost in Amazonas, and developed a mild obsession with since.

*

Para ver las galerías completas, haz clíck en los subtítulos / Click on the subheadings to see the complete galleries

Leticia, Tabatinga, La Pedrera

De aquel pueblo a las orillas del río Caquetá, levantado sobre puentes de madera, siempre preparado para las lluvias y la creciente del río que obliga a algunas personas a usar canoas para salir de sus casas, viajamos 10 minutos más para llegar a la sede de la Fundación Gaia, El Cocotal, donde pasaríamos la mayoría de nuestro tiempo en la selva.

*

From this town on the shores of the Caqueta River, a town lifted above the water on wooden stilts, ever-ready for heavy rains and the rising of the river which forces some residents to use canoes just to leave their homes, we travelled another 10 minutes to El Cocotal, headquarters for the Gaia Foundation, and where we would spend the majority of our time in the jungle.

El Cocotal

Estábamos en el Amazonas para entrevistar y hablar con los jóvenes investigadores que participaban en el IV Taller de Sistematización de las Investigaciones Sociales Locales y el Proceso Régimen Especial de Manejo (REM) para el Resguardo/Parque Nacional Natural Yaigojé-Apaporis.

*

We were there to interview and talk to the young researchers who were participating in the fourth edition of the workshop to digitalise the ongoing local social research to complete the Special Management Regiment process for the Yaigoje-Apaporis indigenous territory and National Natural Park.

Talleres / Workshops

Seleccionados de las siete etnias del territorio, estos jóvenes continúan su trabajo de aprender y compartir la sabiduría tradicional de sus ancestros y con ella conformar los puntos del REM que se le presentará a Parques Nacionales para consolidar la cooperación entre la entidad gubernamental y las tradiciones antiguas de los indígenas para el manejo del territorio.

*

Selected from the seven ethnic groups of the territory, these young men continue their work to learn and share the traditional wisdom of their ancestors, and with it create the management plan that will be presented to National Parks to consolidate the cooperation between the government-run agency and the ancient indigenous traditions for the management of the territory.

Entrevistas / Interviews

También visitamos varios lugares sagrados durante nuestra estadía, como el Cerro Yupatí, un monte a las orillas del Caquetá. Desde la cima, se ve el río Caquetá y el departamento de Amazonas por un lado, y el río Apaporis y el departamento del Vaupés por el otro.

*

We also visited several sacred sites during our stay, such as the Yupati Mount, a hill on the shores of the Caqueta. From the top, you can see the Caqueta River and Amazonas state on one side, and on the other, the Apaporis River and Vaupes state.

Cerro Yupatí / Yupati Mount

Caminamos por la selva espesa, llena de colores, sonidos y sorpresas, desde arañas hasta cerdos salvajes (los cuales oímos pero no vimos), y claro, muchos mosquitos.

*

We walked through the thick jungle, full colours, sounds and surprises, from spiders to wild boars (which we heard but didn’t see), and of course, a lot of mosquitoes.

Chorro San Francisco / San Francisco Fall

Presenciamos los atardeceres amazónicos sobre el río, fuente de inspiración para quien los vive, y hora mágica para ver delfines.

*

We witnessed Amazonian sunsets over the river, a source of inspiration for those who experience them, and a magical time to see the dolphins.

Atardecer / Sunset

Pero el lugar más especial que tuvimos el privilegio de visitar fue La Libertad. Este chorro sagrado es considerado el punto de origen de las siete etnias del territorio: es donde la Madre Tierra se convirtió en tierra, y de donde nacieron las poblaciones indígenas del Yaigojé-Apaporis.

También es uno de los lugares que la minería de oro busca explotar, ignorando las palabras, creencias y peticiones de las comunidades indígenas, quienes aseguran que la extracción del oro y otros minerales sagrados de la tierra traerá graves consecuencias para ellos y el equilibrio del planeta.

*

But the most special place we had the privilege of visiting was La Libertad (literally The Freedom). This sacred fall is considered the place of origin for the seven ethnic groups of the territory: it’s where Mother Earth was turned into earth, and where the indigenous communities of the Yaigoje-Apaporis were born.

It’s also one of the places sought out for gold mining, an action in complete opposition to the narrative, beliefs and requests of the indigenous communities, who believe the extraction of gold and other sacred minerals from the earth will bring grave consequences to them and the balance of the planet.

La Libertad

El río estaba crecido por la lluvia y muchas de las piedras estaban sumergidas, pero La Libertad emanaba magia, pureza y fuerza. En todos los lugares sagrados parecía haber animales fascinantes; el más increíble para mí fue la raya que encontramos en una playa sagrada.

*

The river had risen after the rains and most of the rocks were submerged, but La Libertad exuded magic, purity and strength. There seemed to be fascinating animals at all the sacred places; the most incredible to me was the stingray we found on a sacred beach.

Apaporis

Para llegar, debimos subir por el río Caquetá hasta una trocha, que después de cruzarla, nos llevó al río Apaporis. De allí fuimos hasta La Libertad y luego a la comunidad de Ñumi, donde pasamos la noche y hablamos con un curador tradicional, el viejo Jorge Makuna.

*

To get there, we had to travel up the Caqueta until we reached a land crossing which led to the Apaporis. From there we rode to La Libertad and then to the community of Ñumi, where we spent the night and spoke to a traditional healer, old Jorge Makuna.

Ñumi

Regresamos al Cocotal y a los pocos días, con demoras por el clima impredecible de la selva, estábamos otra vez en Leticia y yo llegué a Santa Marta unas horas después.

*

We returned to El Cocotal and, a few days later, after some delays due to the impredictable weather of the jungle, we were back in Leticia and I was back in Santa Marta a few hours later.

Puedes ver la historia original aquí / You can see the original story here

Visita el Archivo de Galerías de Fotos / Visit the Photo Gallery Archive — 2011-2014