Stories That Cross Boundaries: From the Amazon to the Atlantic

Photographs of my second boat trip in Brazil, from Manaus, in the Amazon, to Belém, on the mouth of the Tapajós River near the Atlantic coast. Read the story of this journey here.

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Fotografías de mi segundo viaje en barco en Brasil, de Manaus, en el estado de Amazonas, a Belém, en la desembocadura del río Tapajós cerca la costa Atlántica. Lee la crónica del viaje aquí.

Leticia to Manaus / De Leticia a Manaus
Travel / Viajes – 20152011-2014
My Nomadic Life / Mi Vida Nómada

Vida Nómada: Del Amazonas al Atlántico

Día 1

Mi salida de Manaus en la mañana del 23 de diciembre de 2015 no fue lo que me había imaginado. Sentada en la cubierta del Amazon Star, el barco que me llevará a Belém, casi a la media noche, no dejo de pensar en el robo de mi última noche allá. A pocos metros de la puerta del hostal, dos hombres en una moto nos atracaron a mí y otros dos amigos. Todo pasó tan rápido, y aunque el instinto me decía que corriera, el arma que tenía el atracador entre el pantalón me obligó a eventualmente permitir que me arrancara el bolso. AmazonStar 3

Fue un aprendizaje, me digo a mí misma, de no salir con cosas que no voy a necesitar, especialmente en la noche; pudo haber sido mucho peor, me repito, tratando de olvidar todas las cositas que tenía ahí—unas gafas de sol, dos libretas pequeñas, un candado, una memoria USB, el celular. Pero había tenido un día largo y no estaba pensando, y estando tan cerca a Navidad, era de esperarse que la gente, desesperada por llevar regalos a su casa, salga a buscar víctimas en las calles oscuras del centro de la ciudad. Trato de olvidar el robo y miro el cielo negro del Amazonas.

A pesar de haber llegado al barco a las 7:30 am, los espacios para las hamacas ya eran escasos y me tuve que acomodar en el medio de la atestada cubierta, rodeada por filas de hamacas a lado y lado. Pienso que si hubiera venido a dormir al barco la noche antes de zarpar, no sólo tendría un mejor espacio pero no me hubieran robado. Sé que de nada sirve pensar en todo lo que pude haber hecho de otra manera para evitar el atraco, o mi incomodidad en el barco, pero en la oscuridad de la noche no lo puedo evitar.

Aún no han apagado las luces cuando vuelvo a bajar a la cubierta del medio, que está tan copada por hamacas y equipaje que para salir tuve que gatear bajo la gente que duerme apañuscada, con cobijas y almohadas, tratando de descansar antes del desayuno. Hay tantaAmazonStar 19 gente que cada movimiento desencadena un temblor que pasa entre las hamacas, todas entrelazadas, pies y cabezas peligrosamente cerca sin importar la posición que se escoja.

Mientras unos duermen, otros leen sus Biblias y cantan novenas; seguro que es difícil para ellos estar encerrados en un barco durante las fiestas religiosas y necesitan invocar algún sentido de normalidad durante el largo viaje por el río Amazonas. Guardo una pequeña esperanza que al menos algunos de ellos se bajen en los puertos del camino, aunque me estoy preparando para estar atrapada entre el gentío hasta la llegada a Belém, ciudad a las orillas de la desembocadura del gran río en el Atlántico.

Día 2

Apagaron la mayoría de las luces a las 2 am, y pasadas las 7 am no las han prendido a pesar de la oscuridad en la cubierta, causada en parte por el cielo opaco y nublado (¿o es humo otra vez?) y en parte por la cantidad de toallas que cuelgan del techo, tapando la poca luz que logra filtrarse por las ventanas. Un poco antes de las 6 am pasó alguien con una campana marcando el comienzo del día.

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Después de una ducha, entro al comedor en mi nivel y compro el desayuno de $10 Reales—jugo, café con leche, pan, jamón, queso, un huevo frito, y una selección de frutas—y no el de $5 Reales—pan, café con leche y un tipo de pudín que parecía arroz con leche. Sentada en una de las cinco mesas azules del comedor, me doy cuenta que soy la única persona comiéndome un desayuno grande; aparte de dos parejas que compartían el plato de R$10, todos los otros comensales tienen el escaso desayuno de R$5, embadurnando el pan con una exageración de mantequilla, tratando de darle más sustancia a la comida.

Hacemos nuestra primera parada en el puerto de Parintins, pero pocos pasajeros desembarcaron. El día está frío (bueno, frío tropical) y el cielo blanco, contrastando con las aguas color chocolate del Amazonas. Acostada entre las coloridas hamacas, colgadas sobre el piso que ya está lleno de basura, entre ronquidos, llantos y cantos, invadida por el olor a humo que emana de la selva, decido seguir leyendo y prepararme para la primera siesta del día, pensando en lo diferente que fue mi viaje en el Itaberaba, de Tabatinga a Manaus, ya hace más de dos meses.

AmazonStar 13La algarabía de la gente y el silencio de los motores me despertaron de mi siesta. Hicimos una rápida parada en el puerto de Juruti, donde finalmente veo el cielo azul y libre de humo. Para cambiar de entorno, subo a la cubierta superior, donde se vive un ambiente completamente distinto al relativo silencio del piso de las hamacas: arriba, donde pegan la brisa y el sol, hay música y gente conversando animadamente, muchos de ellos tomándose unas cerveza y unos selfies, disfrutando del paisaje y del viaje. Pero hay tanta gente que no encuentro una silla y me siento en el suelo a mirar las playas destapadas y los árboles secos de la selva. Es el mismo paisaje que se veía desde el Itaberaba, aunque la vegetación es menos espesa y los árboles más pequeños y dispersos, al menos en las orillas.

Después de una corta pero fuerte lluvia, paramos en el puerto de Óbidos, ya en el estado de Pará, donde tienen pequeñas embarcaciones amarillas designadas al transporte escolar. Al atardecer, hay pólvora, supongo para celebrar la Navidad. Con el aire acondicionado apagado y las ventanas abiertas, hace un calor casi insoportable en las hamacas, y sigo invocando la posibilidad que se baje mucha gente en Santarem, queriendo pasar las fiestas en tierra firme con sus familias.

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Para mi gran descanso, se bajan muchos pasajeros cuando llegamos a Santarem a las 8 pm. Aunque dejo mi hamaca en el mismo lugar, ya tengo espacio no sólo para estirarme diagonalmente en ella sin tropezarme con pies, codos, o cabezas, sino que por fin tengo cómo salir sin gatear debajo de las otras personas. Y siquiera, porque me enteré que nos quedaremos en el puerto hasta mañana.

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Día 3

No duró mucho mi dicha de tener espacio para estirarme en la hamaca ya que en la mañana llegaron más pasajeros que van a Belém, aunque no está tan atestado como el primer día. También descubrí que en la cafetería de la cubierta superior venden sánduches calientes de jamón y queso a R$4, lo que hubiera sido una mejor opción para la comida de anoche, ya que compré (y no fui capaz de terminar) un plato demasiado grande de carne, arroz, pasta, y fariña.

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La salida de Santarem, cerca al medio día, trae una inesperada sorpresa: otro encuentro de los ríos tan espectacular como el de Manaus. Las aguas, en este caso aguamarina y chocolate, bailan y crean una línea divisoria que contrasta con la selva verde que rodea el río. La esperanza de conocer Alter do Chão ahora, y no tener que esperar hasta mi regreso en casi dos años, se intensificó y evaporó con la salida del barco.

Unas horas después, hablando con unas mujeres que se sacaban pelos y granos unas a otras en la cubierta superior, me entero que no llegaremos a Belém mañana como esperaba, pero temprano pasado mañana, lo cual significa pasar una noche más en el Amazon Star. Para lidiar con esta información decido tomar cerveza. AmazonStar 23

Sentada en la cubierta con una cerveza fría, intentando seguir las conversaciones rápidas en portugués de las mujeres, noto que aquí el río es mucho más ancho que antes, cumpliendo con su reputación por ser el más caudaloso del mundo, incluso en la temporada seca que ha expuesto las riberas y playas del Amazonas. Después de demasiadas cervezas, invitación de un hombre enamorado de una de las mujeres con quienes hablo, finalmente bajo a comer y dormir.

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Se se subió mucha gente en Monte Alegre, llenando el barco aún más que el primer día cuando salimos de Manaus. La ansiedad de llegar está empeorando con la claustrofobia. Dormí apañuscada entre hamacas que están tan cerca, que es imposible moverse sin pegarse con alguien, o quedarse quieto sin que el vecino me mueva. Estamos unos encima de otros, y ya hasta los pasillos están ocupados por las hamacas y equipaje de los pasajeros que embarcaron en la noche.

En la tarde, cuando me despierto de una larga siesta, miro por la ventana y veo la selva. Sí, he estado viajando por el Amazonas hace más de dos meses, pero ésta es la primera vez que veo la selva en Brasil tal como uno se la imagina: vegetación espesa, tupida, verde, vibrante, colgando sobre el río. Pasamos pequeñas comunidades de casas de madera que a penas se ven entre las palmas de coco y los manglares. Los indígenas se acercan al barco en sus canoas esperando que los pasajeros les tiren paquetes de comida y bolsas con ropa. Bajo el sol fuerte y el cielo azul, viajamos lentamente por el estrecho canal del río que nos saca de la monotonía de los últimos días. Siento que, a pesar de haber ya salido del estado de Amazonas, finalmente llegué a la selva.

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Hacemos una última parada en la noche en el puerto de Breves y mi ansiedad llega a su punto máximo, ya desesperada por dormir lejos de las niñas que mueven mi hamaca todo el día, del gordo que ronca toda la noche, de la suciedad de los baños, de gatear sobre el piso mugroso, de las latas de cerveza a R$5, de las mismas caras curiosas que miran todo el día, de estar encerrada entre esa nave que flota por el río.

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Día 5

Incapaz de dormir entre el gentío, paso la última noche desvelada, viendo cómo el cielo pasa de un negro profundo a un morado suave y AmazonStar 27eventualmente a un azul brillante. Veo a Belém en la distancia, bañada por la luz del amanecer, rodeada de nubes. Me sorprende el tamaño de la ciudad, los edificios altos a las orillas del río, el puerto moderno y limpio. Llego al hostal a comer y dormir, y a recuperarme de este viaje que resultó siendo más difícil de lo que me imaginaba, pero también más satisfactoria la llegada a esta nueva ciudad.

 

English Version
Mi Vida Nómada
Manaus

Vida Nómada: Persiguiendo Cascadas en el Amazonas

Creciendo en los 80s y 90s, siempre me dijeron que podía hacer y ser lo que quisiera, y me lo creí. A mi generación siempre nos dijeron que el mundo era nuestro, que podíamos llegar a la luna si es lo que queríamos, que todo era posible; siempre nos dijeron que los únicos límites que encontraríamos en el camino serían esos que nosotros mismos creáramos. Pasé muchos años soñando con todo lo que haría cuando fuera grande, los lugares que vería, las cosas que encontraría, el amor que descubriría en todo lo que me ofrecería el mundo, y estaba determinada a hacer esos sueños una realidad.

Siendo una niña en los 90s, conozco muy bien la canción Waterfalls de TLC, que habla sobre no andar persiguiendo cascadas y mantenerse en los ríos y lagunas que ya conocemos; y aunque me encanta TLC, y me encanta esa canción, y sé que habla de temas más profundos como el VIH y la drogadicción, nunca pude entender cómo la letra “los sueños son esperanzas imposibles / con esperanzas de cumplirse” era el tipo de consejos que nos estaban dando tres mujeres en la cima de su industria. ¿Cómo nos podían estar diciendo que no persiguiéramos cascadas? ¿Cómo podían decir que perseguir cascadas, metafóricas o reales, es algo malo? La verdad creo que escuchar tanto esa canción sólo me hizo querer seguir mis sueños locos con más ganas.

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Cachoeira Natal, Presidente Figueiredo

Con cada lugar que visité, mi deseo de viajar y ver el mundo se intensificó. A finales del 2014, cuando estaba viviendo en Palomino, un pueblito en la costa Caribe de Colombia, me llamaron para trabajar en un hotel en la costa Pacífica—mi lugar preferido en el mundo—durante la temporada, entonces empaqué mis cosas y me fui. No era la primera vez que me mudaba de un lado a otro del país, o del mundo, por un capricho, pero fue la primera vez que me di cuenta que esa era la única vida que conocía, y acepté finalmente que simplemente no me gusta, ni quiero, quedarme quieta en un solo lugar por mucho tiempo. Cuando acepté la posibilidad de una vida nómada, me empecé a preparar para un viaje al Brasil, donde vería toda la costa Atlántica del país, desde el Amazonas hasta la frontera sureña con el Uruguay, y todo lo que pudiera ver en el medio.

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Cachoeira Orquídea, Presidente Figueiredo

“¿Adónde llegaste?” fue la primera pregunta que me hice a mí misma mientras subía por una avenida larga y empinada, cargando mis casi 30 kg de equipaje a los hombros, en el centro de la pequeña ciudad amazónica de Presidente Figueiredo. Sudando y agotada después del corto viaje desde Manaus–unas 2 horas que se hicieron eternas cargando las mochilas de un bus al otro–llegué al Figueiredo Green Hostel, donde me hospedaría la siguiente semana. Cuando entré y oí la bossa nova que palpitaba desde la recepción, supe que había llegado al lugar adecuado.

Presidente Figueiredo es la capital del cupuaçu, y aunque llegué seis meses o muy tarde o muy temprano para el festival anual, la deliciosa fruta que me obsesiona y deleita no fue la única razón para visitar este lugar; además de salir de Manaus, donde ya me estaba sintiendo un poco atrapada, fui a descubrir la selva y encontrar el agua. Ubicada a unos 100 km al norte de Manaus, la capital del estado de Amazonas, Presidente Figueiredo está rodeada por cascadas tropicales que brotan entre la selva y se prestan para refrescar los días calientes del Amazonas.

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Urubui, Presidente Figueiredo

El primer lugar que conocí fue Urubui, una pequeña playa de río rodeada por casetas y restaurantes que queda a unos 20 minutos del hostal. Las rocas del río son porosas, rojas y amarillas, y forman pequeños pozos naturales entre las piedras, creando un balneario ideal para refrescarse y disfrutar de la naturaleza. El agua es fría, un alivio para el cuerpo que pareciera cocinarse bajo el opresivo sol de la selva, pero Urubui era sólo el comienzo.

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Cachoeira Orquídea, Presidente Figueiredo

En una tarde soleada, fui a la cascada de la Orquídea y encontré un lugar mucho más selvático y natural. Después de caminar unos 20 minutos entre la selva, se escucha el rugido del agua cayendo entre la tupida vegetación, donde se encuentra una cascada de un par de metros que cae a un charco rocoso y refrescante. Terminé visitando la Orquídea otra vez unos días después, insatisfecha con el poco tiempo que tuve antes del atardecer en mi primera ida.

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Cachoeira Natal, Presidente Figueiredo

Pero la cascada de Natal definitivamente fue  mi preferida: me llenó de tanta alegría como para no querer volver a Manaus. A menos de una hora por una carretera destapada se encuentra esta cascada ancha de donde bajan fuertemente chorros de agua que caen a un charco rocoso, más hondo que los de Urubui y Orquídea. Dejé que el agua cayera sobre mis hombros, sentada en las piedras bajo los chorros, mirando la selva a través de la cortina de agua. Fue una limpieza de cuerpo y alma, un encuentro con la naturaleza energizante y revitalizante.

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Cachoeira Orquídea, Presidente Figueiredo

Y esa es la cosa, que sin importar qué digan algunas de mis canciones preferidas de los 90s, parece que llegue adonde llegue, siempre estoy buscando el agua, corriendo hacia ella, encontrándome con ella; y no sólo cascadas, pero también ríos y lagunas, océanos y piscinas, y los arco iris que crean. El agua realmente es vida, y estar bajo una cascada que ruge en medio del Amazonas me hace sentir tan viva, que es casi inaguantable; es casi demasiada vida, demasiada felicidad para una sola persona. Y no lo cambiaría por nada en el mundo.

Natal Presidente Figueiredo 13

Cachoeira Natal, Presidente Figueiredo

Sentada bajo esa cascada, me di cuenta que esto es lo que he estado buscando, que este es el camino que estado tratando de encontrar desde que soñaba con salir corriendo a conocer el mundo, con descubrir tesoros escondidos, con aprender nuevos idiomas, con dejar la estabilidad y las pertenencias materiales y disfrutar de una vida nómada: siempre he soñado con la selva, con el agua, con la belleza de despertarse a ver un cielo azul que huele a sol, o incluso uno gris que huele a lluvia, y no saber dónde voy a estar nadando ese día.

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Urubui, Presidente Figueiredo

Eventualmente tuve que volver a Manaus a reclamar mi cédula de residencia temporal, pero la selva me revitalizó, me llenó de energía para seguir mi viaje y terminar mi amorío con el río Amazonas en su desembocadura en Belém, en la costa Atlántica de Brasil, y para seguir buscando el agua, las playas, los atardeceres, la novedad, y la aventura.

English Version
Vida Nómada

Stories That Cross Boundaries: Leticia to Manaus

I like to live in a world without boundaries, and tell stories that follow that philosophy; I should live like that, too. So here are photographs of my journey over the Amazon River, from Leticia, in Colombia, to Manaus, in Brazil.

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Me gusta vivir en un mundo sin fronteras, y contar historias que siguen esa filosofía; debo vivir de la misma manera, también. Así que aquí están las fotografías de mi viaje por el río Amazonas, de Leticia, en Colombia, a Manaus, en Brasil.

Leticia, Colombia
Itaberaba I – Tabatinga – Manaus, Brasil
Manaus, Brasil
Travel / Viajes – 20152011-2014

PNN Tayrona

Tayrona National Natural Park, located in Colombia’s Magdalena department on the northern Caribbean coast, is one of the country’s most popular parks. Travellers usually begin their journey to Tayrona deep in Santa Marta’s market, on the corner of 11th&11th, where a bus heading north-east shuttles passengers back and forth between the centuries-old streets of the city to the misty mountains of the Sierra Nevada de Santa Marta.

El Parque Nacional Natural Tayrona, ubicado en el departamento del Magdalena en la costa norte del Caribe colombiano, es uno de los parques más populares del país. Los visitantes normalmente comienzan su viaje en el centro del mercado de Santa Marta, en la esquina de la 11 con 11, donde un bus rumbo al nororiente los lleva entre las centenarias calles de la ciudad y las nubladas montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta.


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A 2-hour trek through the jungle offers impressive views of the rough open coastline and the dense forests; hundreds of imposing rocks decorate the other-worldly landscapes.

Una caminada de 2 horas por la selva ofrece impresionantes vistas del agitado mar abierto y los bosques espesos que lo rodean; cientos de imponentes rocas decoran los extraordinarios paisajes.

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But beyond the songs of countless birds and the endless shades of green, beyond the cool rivers that run down the mountains and into the azure ocean, my favourite things about Tayrona are the natural contrasts that exist within it: a treacherous sea smashing into a tropical wonderland; rain clouds tinting the magnified colours of the sun-drenched forest; caimans that claim their territory between the sea and the mountains; ancient hints of a lost civilisation forcing us to remember those who came before us.

Pero más allá de las incontables canciones de las aves y los interminables tonos de verde, más allá de los ríos fríos que bajan por las montañas para desembocar en el océano azul, lo que más me gusta del Tayrona son los contrastes naturales que existen dentro de él: un mar traicionero que rompe contra un paraíso tropical; nubes de lluvia que tiñen los colores amplificados del bosque soleado; caimanes que marcan su territorio entre las montañas y el mar; pistas antiguas de una civilización perdida que nos obliga a recordar a quienes vivieron antes que nosotros.

Travel / Viajes – 20152011-2014

Nuquí & Termales

This will be the last post on my visit to the municipality of Nuqui, on Colombia’s Pacific coast, a few months ago. Nuqui and its surrounding townships, like Termales further south, are inhabited by fewer than 8,000 people, mostly Afro-descendents and indigenous communities.

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Ésta será la última publicación sobre mi viaje al municipio de Nuquí en la costa Pacífica de Colombia hace unos meses. En Nuquí y sus corregimientos, como Termales hacia el sur, habitan menos de 8,000 personas, en su mayoría Afro-descendientes e indígenas.

Nuqui and its surrounding areas attract tourists from all over the world who seek tranquility and a connection with nature rather than the internet. In the following photographs you can see the beaches, hot springs, surfing, sea turtle hatchlings, a New Year’s party in Termales, and more.

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Nuquí y sus alrededores atraen turistas de todo el mundo, que llegan buscando tranquilidad y una conexión con la naturaleza en vez del internet. En las fotografías que hay a continuación puedes ver las playas, termales, surf, tortuguitas de mar, una fiesta de Año Nuevo en Termales, y más.

Travel / Viajes – 20152011-2014

Yaigojé-Apaporis: Protegiendo la Selva Colombiana / Protecting the Colombian Jungle

Para celebrar el estreno del documental “Yaigojé-Apaporis: Conocimiento Tradicional para la Protección de la Amazonía Colombiana“, vuelvo a compartir la historia de mi viaje al Amazonas como traductora para dicho corto.
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To celebrate the release of the documentary “Yaigoje-Apaporis: Tradicional Knowledge at the Heart of Protecting the Colombian Amazon“, I’m re-posting the story of my journey to the Amazon as a translator for this short.

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AMAZONAS: Visiones De La Selva / Jungle Visions

Amazonas map 1

ubicación de La Pedrera

En mayo de 2014 tuve la oportunidad de regresar al Amazonas colombiano, esta vez para trabajar como traductora en un documental sobre la minería y la importancia del oro para las etnias indígenas del Resguardo y Parque Nacional Natural Yaigojé-Apaporis.

A continuación, una selección de fotografías del trayecto que me llevó, junto con el director del documental, Jess Phillimore, y nuestros guías y acompañantes de la Fundación Gaia Amazonas, a la selva colombiana. Viajé desde Santa Marta a Bogotá, de donde salimos juntos a Leticia, capital del departamento de Amazonas en el extremo sur del país, y su ciudad hermana brasilera, Tabatinga. De allí salimos hacia La Pedrera, un pueblo del que sólo había leído hace unos años en el libro de Germán Castro Caycedo Perdido en el Amazonas y con el cual había tenido una leve obsesión desde entonces.

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Amazonas map 2

location of La Pedrera

In May 2014, I had the opportunity to return to the Colombian Amazon, this time working as a translator for a documentary film on mining and the significance of gold for the indigenous ethnic groups of the Yaigoje-Apaporis territory and National Natural Park.

Below, a selection of photographs of the journey that took me, along with the film’s director, Jess Phillimore, and our guides and companions from Gaia Amazonas, to the Colombian jungle. I travelled from Santa Marta to Bogota, from where we journeyed together to Leticia, capital city of the state of Amazonas in the southernmost part of the country, and Tabatinga, its Brazilian sister city. From there, we left toward La Pedrera, a small town of which I’d only every read about a few years ago in German Castro Caycedo’s book, Lost in Amazonas, and developed a mild obsession with since.

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Para ver las galerías completas, haz clíck en los subtítulos / Click on the subheadings to see the complete galleries

Leticia, Tabatinga, La Pedrera

De aquel pueblo a las orillas del río Caquetá, levantado sobre puentes de madera, siempre preparado para las lluvias y la creciente del río que obliga a algunas personas a usar canoas para salir de sus casas, viajamos 10 minutos más para llegar a la sede de la Fundación Gaia, El Cocotal, donde pasaríamos la mayoría de nuestro tiempo en la selva.

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From this town on the shores of the Caqueta River, a town lifted above the water on wooden stilts, ever-ready for heavy rains and the rising of the river which forces some residents to use canoes just to leave their homes, we travelled another 10 minutes to El Cocotal, headquarters for the Gaia Foundation, and where we would spend the majority of our time in the jungle.

El Cocotal

Estábamos en el Amazonas para entrevistar y hablar con los jóvenes investigadores que participaban en el IV Taller de Sistematización de las Investigaciones Sociales Locales y el Proceso Régimen Especial de Manejo (REM) para el Resguardo/Parque Nacional Natural Yaigojé-Apaporis.

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We were there to interview and talk to the young researchers who were participating in the fourth edition of the workshop to digitalise the ongoing local social research to complete the Special Management Regiment process for the Yaigoje-Apaporis indigenous territory and National Natural Park.

Talleres / Workshops

Seleccionados de las siete etnias del territorio, estos jóvenes continúan su trabajo de aprender y compartir la sabiduría tradicional de sus ancestros y con ella conformar los puntos del REM que se le presentará a Parques Nacionales para consolidar la cooperación entre la entidad gubernamental y las tradiciones antiguas de los indígenas para el manejo del territorio.

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Selected from the seven ethnic groups of the territory, these young men continue their work to learn and share the traditional wisdom of their ancestors, and with it create the management plan that will be presented to National Parks to consolidate the cooperation between the government-run agency and the ancient indigenous traditions for the management of the territory.

Entrevistas / Interviews

También visitamos varios lugares sagrados durante nuestra estadía, como el Cerro Yupatí, un monte a las orillas del Caquetá. Desde la cima, se ve el río Caquetá y el departamento de Amazonas por un lado, y el río Apaporis y el departamento del Vaupés por el otro.

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We also visited several sacred sites during our stay, such as the Yupati Mount, a hill on the shores of the Caqueta. From the top, you can see the Caqueta River and Amazonas state on one side, and on the other, the Apaporis River and Vaupes state.

Cerro Yupatí / Yupati Mount

Caminamos por la selva espesa, llena de colores, sonidos y sorpresas, desde arañas hasta cerdos salvajes (los cuales oímos pero no vimos), y claro, muchos mosquitos.

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We walked through the thick jungle, full colours, sounds and surprises, from spiders to wild boars (which we heard but didn’t see), and of course, a lot of mosquitoes.

Chorro San Francisco / San Francisco Fall

Presenciamos los atardeceres amazónicos sobre el río, fuente de inspiración para quien los vive, y hora mágica para ver delfines.

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We witnessed Amazonian sunsets over the river, a source of inspiration for those who experience them, and a magical time to see the dolphins.

Atardecer / Sunset

Pero el lugar más especial que tuvimos el privilegio de visitar fue La Libertad. Este chorro sagrado es considerado el punto de origen de las siete etnias del territorio: es donde la Madre Tierra se convirtió en tierra, y de donde nacieron las poblaciones indígenas del Yaigojé-Apaporis.

También es uno de los lugares que la minería de oro busca explotar, ignorando las palabras, creencias y peticiones de las comunidades indígenas, quienes aseguran que la extracción del oro y otros minerales sagrados de la tierra traerá graves consecuencias para ellos y el equilibrio del planeta.

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But the most special place we had the privilege of visiting was La Libertad (literally The Freedom). This sacred fall is considered the place of origin for the seven ethnic groups of the territory: it’s where Mother Earth was turned into earth, and where the indigenous communities of the Yaigoje-Apaporis were born.

It’s also one of the places sought out for gold mining, an action in complete opposition to the narrative, beliefs and requests of the indigenous communities, who believe the extraction of gold and other sacred minerals from the earth will bring grave consequences to them and the balance of the planet.

La Libertad

El río estaba crecido por la lluvia y muchas de las piedras estaban sumergidas, pero La Libertad emanaba magia, pureza y fuerza. En todos los lugares sagrados parecía haber animales fascinantes; el más increíble para mí fue la raya que encontramos en una playa sagrada.

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The river had risen after the rains and most of the rocks were submerged, but La Libertad exuded magic, purity and strength. There seemed to be fascinating animals at all the sacred places; the most incredible to me was the stingray we found on a sacred beach.

Apaporis

Para llegar, debimos subir por el río Caquetá hasta una trocha, que después de cruzarla, nos llevó al río Apaporis. De allí fuimos hasta La Libertad y luego a la comunidad de Ñumi, donde pasamos la noche y hablamos con un curador tradicional, el viejo Jorge Makuna.

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To get there, we had to travel up the Caqueta until we reached a land crossing which led to the Apaporis. From there we rode to La Libertad and then to the community of Ñumi, where we spent the night and spoke to a traditional healer, old Jorge Makuna.

Ñumi

Regresamos al Cocotal y a los pocos días, con demoras por el clima impredecible de la selva, estábamos otra vez en Leticia y yo llegué a Santa Marta unas horas después.

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We returned to El Cocotal and, a few days later, after some delays due to the impredictable weather of the jungle, we were back in Leticia and I was back in Santa Marta a few hours later.

Puedes ver la historia original aquí / You can see the original story here

Visita el Archivo de Galerías de Fotos / Visit the Photo Gallery Archive — 2011-2014

Rana Kokoi / Kokoi Frog (Dendrobates histrionicus), Chocó

Cópia de ranas carrizalito proofsheet Walking through the dense, virgin jungles of Colombia’s Pacific coast is no easy task, but it’s entirely worth entering the jungle to see the colourful and poisonous Kokoi Frogs (Dendrobates histrionicus) in their natural habitat. Caminar por la espesa selva virgen de la costa Pacífica de Colombia no es tarea fácil, pero vale la pena entrar en la jungla para ver las coloridas y venenosas Ranas Kokoi (Dendrobates histrionicus) en su hábitat natural.

These shiny little gems excrete poison from their skin which can be lethal to humans, and although they are usually shy and reclusive, you can get pretty close to them when you find them, as long as you’re respectful toward the fact that we are intruding on their homes. It’s advisable to not try to touch them or poke at them or their nests with sticks and to abstain from using flash photography. Estas pequeñas joyas brillantes excretan su veneno por la piel. Éste puede ser letal para los humanos, y aunque normalmente son tímidas y reclusas, te puedes acercar mucho a ellas si las encuentras, recordando de ser respetuoso hacia ellas ya que somos nosotros quienes estamos en su hogar. Es recomendado no tocarlas ni molestarlas o sus nidos con palos, y no usar fotografía con flash.

The most common near the town of Nuqui in the department of Choco, are the red and black frogs which are about one or two centimetres long. They build their nests at the bases of mossy trees where there is dry brush and moist dirt. With luck and patience, you can also see black and yellow, and black and green ones. Las que más comunmente se ven cerca al pueblo de Nuquí en el departamento del Chocó, son las rojas y negras que miden uno o dos centímetros. Forman sus nidos en las bases de árboles musgosos donde hay hojas secas y tierra húmeda. Con suerte y paciencia, también puedes ver negras y amarillas, y negras y verdes.

Fauna — Nuquí, Chocó

Travel / Viajes – 20152011-2014

Birds & Animals / Aves y Animales

Photography / Fotografía

Amazonas: Visiones de la Selva / Amazon: Jungle Visions

Amazonas map 1

ubicación de La Pedrera

En mayo de 2014 tuve la oportunidad de regresar al Amazonas colombiano, esta vez para trabajar como traductora en un documental sobre la minería y la importancia del oro para las etnias indígenas del Resguardo y Parque Nacional Natural Yaigojé-Apaporis.

A continuación, una selección de fotografías del trayecto que me llevó, junto con el director del documental, Jess Phillimore, y nuestros guías y acompañantes de la Fundación Gaia Amazonas, a la selva colombiana. Viajé desde Santa Marta a Bogotá, donde me encontré con ellos, y de ahí salimos juntos a Leticia, capital del departamento de Amazonas en el extremo sur del país, y su ciudad hermana brasilera, Tabatinga. De allí salimos hacia La Pedrera, un pueblo del que sólo había leído hace unos años en el libro de Germán Castro Caycedo Perdido en el Amazonas y con el cual había tenido una leve obsesión desde entonces.

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Amazonas map 2

location of La Pedrera

In May 2014, I had the opportunity to return to the Colombian Amazon, this time working as a translator for a documentary film on mining and the significance of gold for the indigenous ethnic groups of the Yaigoje-Apaporis territory and National Natural Park.

Below, a selection of photographs of the journey that took me, along with the film’s director, Jess Phillimore, and our guides and companions from Gaia Amazonas, to the Colombian jungle. I travelled from Santa Marta to Bogota, where I met them, and we then journeyed together to Leticia, capital city of the state of Amazonas in the southernmost part of the country, and Tabatinga, its Brazilian sister city. From there, we left toward La Pedrera, a small town of which I’d only every read about a few years ago in German Castro Caycedo’s book, Lost in Amazonas, and developed a mild obsession with it since.

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Leticia, Tabatinga, La Pedrera

De aquel pueblo a las orillas del río Caquetá, levantado sobre puentes de madera, siempre preparado para las lluvias y la creciente del río que obliga a algunas personas a usar canoa para salir de sus casas, viajamos 10 minutos más para llegar a la sede de la Fundación Gaia, El Cocotal, donde pasaríamos la mayoría de nuestro tiempo en la selva.

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From this town on the shores of the Caqueta River, a town lifted above the water on wooden stilts, ever-ready for heavy rains and the rising of the river which forces some residents to use canoes just to leave their homes, we travelled another 10 minutes to El Cocotal, headquarters for the Gaia Foundation, and where we would spend the majority of our time in the jungle.

El Cocotal

Estábamos en el Amazonas para entrevistar y hablar con los jóvenes investigadores que participaban en el IV Taller de Sistematización de las Investigaciones Sociales Locales y el Proceso Régimen Especial de Manejo (REM) para el Resguardo/Parque Nacional Natural Yaigojé-Apaporis.

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We were there to interview and talk to the young researchers who were participating in the fourth edition of the workshop to digitalise the ongoing local social research to complete the Special Management Regiment process for the Yaigoje-Apaporis indigenous territory and National Natural Park.

Talleres / Workshops

Seleccionados de las siete etnias del territorio, estos jóvenes continúan su trabajo de aprender y compartir la sabiduría tradicional de sus ancestros y con ella conformar los puntos del REM que se le presentará a Parques Nacionales para consolidar la cooperación entre la entidad gubernamental y las tradiciones antiguas de los indígenas para el manejo del territorio.

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Selected from the seven ethnic groups of the territory, these young men continue their work to learn and share the traditional wisdom of their ancestors, and with it create the management plan that will be presented to National Parks to consolidate the cooperation between the government-run agency and the ancient indigenous traditions for the management of the territory.

Entrevistas / Interviews

También visitamos varios lugares sagrados durante nuestra estadía, como el Cerro Yupatí, un monte a las orillas del Caquetá. Desde la cima, se ve el río Caquetá y el departamento de Amazonas por un lado, y el río Apaporis y el departamento del Vaupés por el otro.

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We also visited several sacred sites during our stay, such as the Yupati Mount, a hill on the shores of the Caqueta. From the top, you can see the Caqueta River and Amazonas state on one side, and on the other, the Apaporis River and Vaupes state.

Cerro Yupatí / Yupati Mount

Caminamos por la selva espesa, llena de colores, sonidos y sorpresas, desde arañas hasta cerdos salvajes (los cuales oímos pero no vimos), y claro, muchos mosquitos.

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We walked through the thick jungle, full colours, sounds and surprises, from spiders to wild boars (which we heard but didn’t see), and of course, a lot of mosquitoes.

Chorro San Francisco / San Francisco Fall

Presenciamos los atardeceres amazónicos sobre el río, fuente de inspiración para quien los vive, y hora mágica para ver delfines.

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We witnessed Amazonian sunsets over the river, a source of inspiration for those who experience them, and a magical time to see the dolphins.

Atardecer / Sunset

Pero el lugar más especial que tuvimos el privilegio de visitar fue La Libertad. Este chorro sagrado es considerado el punto de origen de las siete etnias del territorio: es donde la Madre Tierra se convirtió en tierra, y de donde nacieron las poblaciones indígenas del Yaigojé-Apaporis.

También es uno de los lugares que la minería de oro busca explotar, ignorando las palabras, creencias y peticiones de las comunidades indígenas, quienes aseguran que la extracción del oro y otros minerales sagrados de la tierra traerá graves consecuencias para ellos y el equilibrio del planeta.

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But the most special place we had the privilege of visiting was La Libertad (literally The Freedom). This sacred fall is considered the place of origin for the seven ethnic groups of the territory: it’s where Mother Earth was turned into earth, and where the indigenous communities of the Yaigoje-Apaporis were born.

It’s also one of the places sought out for gold mining, an action in complete opposition to the narrative, beliefs and requests of the indigenous communities, who believe the extraction of gold and other sacred minerals from the earth will bring grave consequences to them and the balance of the planet.

La Libertad

El río estaba crecido por la lluvia y muchas de las piedras estaban sumergidas, pero La Libertad emanaba magia, pureza y fuerza. En todos los lugares sagrados parecía haber animales fascinantes; el más increíble para mí fue la raya que encontramos en una playa sagrada.

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The river had risen after the rains and most of the rocks were submerged, but La Libertad exuded magic, purity and strength. There seemed to be fascinating animals at all the sacred places; the most incredible to me was the stingray we found on a sacred beach.

Apaporis

Para llegar, debimos subir por el río Caquetá hasta una trocha, que después de cruzarla, nos llevó al río Apaporis. De allí fuimos hasta La Libertad y luego a la comunidad de Ñumi, donde pasamos la noche y hablamos con un curador tradicional, el viejo Jorge Makuna.

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To get there, we had to travel up the Caqueta until we reached a land crossing which led to the Apaporis. From there we rode to La Libertad and then to the community of Ñumi, where we spent the night and spoke to a traditional healer, old Jorge Makuna.

Apaporis & Ñumi

Regresamos al Cocotal y a los pocos días, con demoras por el clima impredecible de la selva, estábamos otra vez en Leticia y Bogotá (y yo, en Santa Marta).

Esperen el documental!

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We returned to El Cocotal and, a few days later, after some delays due to the impredictable weather of the jungle, we were back in Leticia and Bogota (and Santa Marta for me).

Wait for the documentary!

Videos

Regresa a Galerías de Viajes / Back to Travel Photo Galleries

Regresa a Foto de la Semana / Back to Photo of the Week

Amazonas: Talleres & Entrevistas / Workshops & Interviews

Los jóvenes indígenas a quienes acompañamos durante las dos semanas del taller, fueron escogidos por sus comunidades para realizar el trabajo de investigación y digitalización de la formación del Régimen Especial de Manejo (REM) para su territorio, el resguardo y Parque Nacional Yaigojé-Apaporis.

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The young indigenous men we stayed with during the two weeks of the workshop, were chosen by their communities to complete their research and digitalisation work for the creation of the Special Management Regiment for their territory, Yaigoje-Apaporis National Park.

Talleres / Workshops

Varios de ellos fueron entrevistados para el documental por el cineasta británico, Jesse Phillimore, sobre la minería y el significado del oro en las tradiciones indígenas.

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Several of them were also interviewed for the upcoming documentary film on mining and the significance of gold in their traditions by British filmmaker, Jesse Phillimore.

Entrevistas / Interviews

Regresa a Amazonas: Visiones de la Selva / Back to Amazon: Jungle Visions