Aldeia Hippie de Arembepe

Walking into the small hippie village in Arembepe, located about 30 km north-east of Salvador de Bahia in northern Brazil, feels like going back in time. There are no roads, just sandy paths that get uncomfortably hot under the blazing sun; there’s no electricity, so only the stars and the moon light the way at night; and everyone who lives there identifies as a hippie.

The tiny village is lined by the cool and calm Capivara River on one side and the raging Atlantic Ocean on the other, turning it into a sort of island with diverse and spectacular views and plenty of swimming spots. The locals fish in the natural pools left between the corals at low tide, they sell handmade jewelry and crafts to the tourists who walk around the small communal market in the centre of town, and talk about poetry and music as the slow, warm breeze brings the smell of salt to the thatched-roof houses.

The town gained notoriety in the early 1970s when singer Janis Joplin travelled there after being kicked out of her Rio hotel, allegedly for swimming naked in the pool. Locals told me the small house pictured below, located  on the crest of a hill overlooking the ocean on one side and the rivers and mountains to the other, is where the legendary artist stayed. It’s said that Janis’ hit Summertime was inspired by her time in Arembepe.

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Ilha de Boipeba, Bahia

Part of the Tinharé Archipelago in the south of the state of Bahia in northeastern Brasil, the island of Boipeba easily became one of my favourite places in the country. The endless, white sand beaches, the warm, turquoise water, the innumerable coconut trees, the stunning sunsets, and the friendly locals make this place worth the long journey from Salvador.
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Ubicada en el archipiélago de Tinharé en el sur del estado nordestino de Bahia en Brasil, la isla de Boipeba fácilmente se convirtió en uno de mis lugares preferidos en el país. Las playas blancas interminables, el agua tibia y turquesa, las innumerables palmas de coco, los atardecers alucinantes, y la amabilidad de los nativos hacen que valga la pena el largo viaje desde Salvador.

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Recife, Pernambuco

Recife, capital city of the state of Pernambuco, is made up of three islands joined by both historic and modern bridges; the entire city has an eclectic mix of the old and the new Brazil. Founded by the Portuguese in 1537, the streets of Old Recife are lined by colourful colonial buildings leading travellers to churches, museums, and markets.
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Recife, ciudad capital del estado de Pernambuco, está compuesta por tres islas unidas por puentes históricos y modernos; la ciudad entera tiene una mezcla ecléctica del Brasil viejo y el nuevo. Fundada por los Portugueses en 1537, las calles de Recife Antiguo están bordeadas por coloridos edificios coloniales que llevan a visitantes a iglesias, museos y mercados.

Located on Brazil’s northeastern Atlantic coast, Recife has some beautiful beaches. Boa Viagem is the most popular of the city beaches, although it’s recommended visitors don’t swim out as bull and tiger shark attacks are common; experts say these attacks, which were rare before the early 1990s, are linked to factors like the construction of a big port in the city which destroyed the mangroves that served as nurseries by the sharks, the rise in bathers, surfers, and fishing in urban beaches, and even changes in marine currents. But don’t worry, shark-free beaches like Gaibu and Calhetas are only a short bus ride away.
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Ubicado en la costa norte de Brasil, Recife tiene playas muy lindas. Boa Viagem es la playa urbana más popular, pero no se recomienda nadar en ella ya que ataques de tiburones tigre y toro son comunues. Los expertos dicen que estos ataques, que eran raros antes de los 90s, son causados por factores como la construcción de un puerto grande en la ciudad que destruyó los manglares que funcionaban de criaderos para los tiburones, el aumento de bañistas, surfistas, y pescadores en las playas urbanas, e incluso cambios en las corrientes marinas. Pero no te preocupes que hay playas sin tiburones muy cerca, como Gaibu y Calhetas.

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Guajira: Viaje al Fin del Continente / Journey to the Edge of the Continent

La Guajira es un lugar mágico que he visitado en múltiples ocasiones desde el 2011, cada vez yendo más al norte, adentrándome más en su desierto de arena roja, donde sólo crecen cáctus y el viento azota la península con una fuerza incansable.

Viajé de Santa Marta, en el departamento vecino del Magdalena, a Uribia, capital indígena de Colombia. De ahí fui en colectivo hasta el Cabo de la Vela, el punto más turístico de la Alta Guajira, y donde estaba tomando lugar la competencia anual de kite surfing, promovida por la escuela Kite Addict.

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Guajira is a magical place I have visited on multiple occasions now since 2011, each time going further north, going deeper into its red sanded desert, where only cacti grow, and the wind tirelessly whips the peninsula.

I travelled from Santa Marta, in the neighbouring department of Magdalena, to Uribia, Colombia’s indigenous capital. From there, I took a colectivo–a shared jeep–to Cabo de la Vela, the most turistic place in the High Guajira, where the annual kite surfing competition, sponsored by the Kite Addict School, was taking place.

Uribia & Cabo de la Vela

Pero necesitaba ir más allá, a Punta Gallinas, el punto más norte del continente suramericano. Saliendo del Cabo de la Vela con el sol, viajamos al fin del continente, marcado por un faro y las impresionantes dunas que caen al mar Caribe.
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But I needed to go further, to Punta Gallinas, the northernmost point of the South American continent. We left Cabo de la Vela at sunrise and travelled to the edge of the continent, which is recognised by a lighthouse and the incredible sand dunes that fall into the Caribbean Sea.

Punta Gallinas

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PNN Tayrona

Tayrona National Natural Park, located in Colombia’s Magdalena department on the northern Caribbean coast, is one of the country’s most popular parks. Travellers usually begin their journey to Tayrona deep in Santa Marta’s market, on the corner of 11th&11th, where a bus heading north-east shuttles passengers back and forth between the centuries-old streets of the city to the misty mountains of the Sierra Nevada de Santa Marta.
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El Parque Nacional Natural Tayrona, ubicado en el departamento del Magdalena en la costa norte del Caribe colombiano, es uno de los parques más populares del país. Los visitantes normalmente comienzan su viaje en el centro del mercado de Santa Marta, en la esquina de la 11 con 11, donde un bus rumbo al nororiente los lleva entre las centenarias calles de la ciudad y las nubladas montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

A 2-hour trek through the jungle offers impressive views of the rough open coastline and the dense forests; hundreds of imposing rocks decorate the other-worldly landscapes.
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Una caminada de 2 horas por la selva ofrece impresionantes vistas del agitado mar abierto y los bosques espesos que lo rodean; cientos de imponentes rocas decoran los extraordinarios paisajes.

But beyond the songs of countless birds and the endless shades of green, beyond the cool rivers that run down the mountains and into the azure ocean, my favourite things about Tayrona are the natural contrasts that exist within it: a treacherous sea smashing into a tropical wonderland; rain clouds tinting the magnified colours of the sun-drenched forest; caimans that claim their territory between the sea and the mountains; ancient hints of a lost civilisation forcing us to remember those who came before us.
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Pero más allá de las incontables canciones de las aves y los interminables tonos de verde, más allá de los ríos fríos que bajan por las montañas para desembocar en el océano azul, lo que más me gusta del Tayrona son los contrastes naturales que existen dentro de él: un mar traicionero que rompe contra un paraíso tropical; nubes de lluvia que tiñen los colores amplificados del bosque soleado; caimanes que marcan su territorio entre las montañas y el mar; pistas antiguas de una civilización perdida que nos obliga a recordar a quienes vivieron antes que nosotros.

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Mi Vida Nómada: Encontrándome en el Agua

Ahora que me enfrento cara a cara con el comienzo de una vida nómada, entiendo que la preparación para este cambio va más allá de alivianar el equipaje; implica empezar desde cero, aprender a hacer las cosas de otra manera y ser más espontánea, guiada por eso que traigo por dentro, eso que no me permite la quietud. Es indispensable aceptar y alegrarme con la (¿percibida?) locura que me lleva a querer dejar atrás la estabilidad, y optar en cambio por una vida incierta y móvil.

Para mí todo comenzó en la niñez, seguro en mi primer cumpleaños cuando di mis primeros pasos sobre la arena negra de las playas de Cartagena, caminando hacia el mar, hipnotizada por el agua. Bueno, me imagino que fue un tipo de hipnosis o conjuro mágico, porque desde entonces no he dejado de perseguir aguas tropicales. Toda mi vida he estado encontrándome con el agua; parece que siempre estuviera yendo hacia el mar, o buscando cascadas encerradas entre rocas musgosas, o explorando cavernas de mármol en los ríos fríos que bajan de las montañas.

Mi fijación con descubrir los secretos que la Tierra esconde creció con los primeros mapas que miré, fascinada que el mundo se extendiera más allá de mi casa, de mi ciudad. Los primeros libros que me saboreé estaban llenos de animales y lugares exóticos, habitados por personajes fantásticos, viviendo vidas tan diferentes a la mía, envueltos en otros colores y olores, con otras lenguas y vestimentas. Siempre me he preguntado cómo sería la vida al otro lado del planeta, y he buscado incansablemente la respuesta, a tal punto que se ha convertido en la tesis de mi vida.

Un mapamundi inflable de la época de la Unión Soviética me quitó infinitos momentos, llevándome a soñar que alguna vez pisaría tierra en esos países con formas tan extrañas. Había algunos en particular que me cautivaban, como Sri Lanka, esa isla en forma de lágrima que cuelga al suroriente de la India; o las islas de la Polinesia, regadas por el Pacífico Sur como esmeraldas perdidas en el azul de ese océano infinito. Me han fascinado particularmente los oasis y las islas desiertas—dos paradojas naturales de los paisajes tropicales. Tendrá algo que ver con la soledad implícita de esos lugares tan remotos, que vi en fotografías que parecían pinturas hechas por artistas de otros mundos.

La geografía me apasionaba y se me llenaba la cabeza de preguntas sobre esos lugares, tan ajenos y cercanos a la vez; lugares que podía mirar pero no tocar, que podía estudiar pero sin saber a qué olía su aire. No llegar a conocerlos, a pisarlos y olerlos, nunca ha sido una opción para mí, mi terquedad aboliendo cualquier duda que la realidad se atreva a interponer.

El viaje, el trópico, la selva y el mar son pasiones tan profundamente arraigadas en mi ser que forman parte de la fibra que me compone, como si estuviera hecha de arena y aguasal. Ando poseída por la necesidad de conocer el mundo; obsesionada por llevarme el recuerdo de la brisa cálida de cada playa; de tatuarme el sonido del mar chocando contra las rocas. Ando tan perdida entre mapas y sueños, atrapada por alucinaciones de aguas turquesas que recorren mares y ríos, que he decidido dejarme llevar completamente por mi atracción al movimiento, al cambio, a lo inesperado.

En unas cortas semanas emprenderé un viaje por el Amazonas, de Colombia a Brasil, del Caribe a los Andes y más allá de los grandes ríos que cruzan la selva. Me voy buscando quién sabe qué cosas, viajando por las aguas negras rodeadas de todos los tonos de verde imaginables; aguas que me llevarán hasta el mar, hasta esa mágica costa Atlántica que conserva la forma que encaja con el África. Quiero estar ahí, en las orillas de ese ombligo, de esa boca que sobresale como haciéndole señas al antiguo continente, llamando a la vieja madre, rogándole a los mares que junten las tierras otra vez.

Espero compartir mi viaje desde el proceso físico de dejarlo todo atrás hasta las aguas oscuras del Amazonas y la enigmática costa Atlántica. Documentaré mi experiencia del desapego de lo material—bueno, excepto las indispensables especias aromáticas y cucharitas de palo que ocuparán su puesto en mi equipaje—; del viaje de tres días entre Leticia y Manaus; de las playas temporales de los ríos del Lençóis Maranhenses; de lo inesperado y lo mágico que sólo el camino puede revelar.

He tenido la suerte de conocer muchos de esos lugares con los que soñaba; me he perdido ya en varios continentes, enamorándome cada vez más de las posibilidades infinitas que existen al viajar, al aprender. Y pronto cumpliré otro de mis deseos, conjurado alguna vez mirando un mapa, de conocer qué hay entre esas delgadas líneas azules que dicen llevar el agua de la tierra al mar.

Mi Vida Nómada
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Playa Blanca, Barú

Travelling around South America, you will run across many Playa Blancas. Literally “White Beach,” it’s a common name in the Caribbean. But this Playa Blanca, on the island of Barú, just off the coast of Cartagena, is one of the best.
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Viajando por Sur América, te toparás con muchas Playas Blancas, siendo un nombre común en la costa Caribe. Pero ésta Playa Blanca, en la isla de Barú cerca a Cartagena, es una de las mejores.

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Fauna – Nuquí, Chocó

Choco, on Colmbia’s northern Pacific coast, is one of the most biodiverse places on earth. With heavy rains year-round, the lush vegetation and flowing rivers provide food and shelter for a diversity of animals, from toucans to boas, from the yellow-crowned night-heron to the kokoi frog, and more.
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El Chocó, en la costa norte del Pacífico colombiano, es uno de los lugares más biodiversos del planeta. Las lluvias fuertes que caen todo el año, la abundante vegetación, y los ríos cristalinos que desembocan al mar, proveen alimento y refugio para una diversidad de animales, desde tucanes a boas, del guago manglanero (o garza nocturna sabacú) hasta la rana kokoi, y más.

I was also lucky enough to witness something I have always wanted to see: The release of about 80 black turtle (Chelonia agassizii) hatchlings. One of the locals, who says he used to hunt these same turtles to sell and eat their eggs, has now dedicated himself to protecting the eggs and releasing the tiny turtles into the Pacific Ocean once they hatch, after 60-90 days of incubation in the sand.
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También tuve la suerte de presenciar algo que siempre quise ver: La liberación de unas 80 crías de tortuga negra (Chelonia agassizii). Uno de los nativos, quien cuenta que antes cazaba estas mismas tortugas para vender y comer sus huevos,  ahora se dedica a proteger los huevos y después liberar las tortuguitas al océano Pacífico cuando desovan, después de 60-90 días de incubación en la playa.

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Palomino, Guajira

Palomino es un corregimiento del municipio de Dibulla en el departamento de La Guajira en el nororiente colombiano. Palomino disfruta de una biodiversidad única y rica gracias a su ubicación ideal entre el mar Caribe y las montañas y ríos de la Sierra Nevada de Santa Marta.

A continuación, fotografías del eclipse total lunar conocido como Luna de Sangre, el hospedaje La Casa de Guadua, la playa, las montañas de la Sierra y la bajada en neumático por el río, su nivel de agua mucho más bajo de lo esperado para la época del año (abril 2014) debido a la larga sequía que ha vivido la región.

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Palomino is a small town in the municipality of Dibulla in the Guajira department of Colombia’s northeastern coast. Palomino’s biodiversity is rich and unique thanks to its ideal location between the Caribbean Sea and the mountains and rivers of the Sierra Nevada de Santa Marta.

Below, photographs of the total lunar eclipse known as Blood Moon, La Casa de Guadua lodging, the beach, the mountains of the Sierra, and tubing down the river, whose water level was much lower than expected for the time of year (April 2014) due to a severe drought in the region.

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