Aldeia Hippie de Arembepe

Walking into the small hippie village in Arembepe, located about 30 km north-east of Salvador de Bahia in northern Brazil, feels like going back in time. There are no roads, just sandy paths that get uncomfortably hot under the blazing sun; there’s no electricity, so only the stars and the moon light the way at night; and everyone who lives there identifies as a hippie.

The tiny village is lined by the cool and calm Capivara River on one side and the raging Atlantic Ocean on the other, turning it into a sort of island with diverse and spectacular views and plenty of swimming spots. The locals fish in the natural pools left between the corals at low tide, they sell handmade jewelry and crafts to the tourists who walk around the small communal market in the centre of town, and talk about poetry and music as the slow, warm breeze brings the smell of salt to the thatched-roof houses.

The town gained notoriety in the early 1970s when singer Janis Joplin travelled there after being kicked out of her Rio hotel, allegedly for swimming naked in the pool. Locals told me the small house pictured below, located  on the crest of a hill overlooking the ocean on one side and the rivers and mountains to the other, is where the legendary artist stayed. It’s said that Janis’ hit Summertime was inspired by her time in Arembepe.

Travel Galleries

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Belém, Pará

Belém

Belem is located at the mouth of the Tapajos (Amazon) River on Brazil’s northern Atlantic coast. Founded in 1616, Belem now has a population of around 2,100,000, making it the second most populated city in the Amazon, after Manaus.

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Belén está ubicada en la desembocadura del río Tapajós (Amazonas) en la costa Atlántica norte de Brasil. Fundada en 1616, Belén cuenta con una población de unos 2,100,000 habitantes, convirtiéndola en la segunda ciudad más poblada de la Amazonía después de Manaus.

Theatro da Paz

The stunning Theatro da Paz (Theatre of Peace) is rivalled only by Manaus’ Teatro Amazonas; finished in 1878, it was designed by the European migrants who were looking for their fortunes in the Amazon during the rubber boom.

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El espectacular Teatro de la Paz es comparable sólo al Teatro Amazonas de Manaus; su construcción fue terminada en 1878, y fue construido por los migrantes europeos que estaban buscando su fortuna en el Amazonas durante la bonanza del caucho.

Ilha de Cotijuba

There are 39 islands surrounding Belem, located at the mouth of the Tapajos River in the Atlantic Ocean. This is Cotijuba Island, just 45 minutes away by boat from the coast. The river is so wide, that it’s impossible to see the other shore from the white sand beaches of the island.

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Hay 39 islas rodeando a Belén, ubicadas en la desembocadura del río Tapajos en el océano Atlántico. Esta es la isla Cotijuba, a sólo 45 minutos en barco de la costa. El río es tan ancho que es imposible ver la otra orilla desde la playa de arena blanca de la isla.

Travel / Viajes – 2015-20162011-2014

Vida Nómada: Del Amazonas al Atlántico

Día 1

Mi salida de Manaus en la mañana del 23 de diciembre de 2015 no fue lo que me había imaginado. Sentada en la cubierta del Amazon Star, el barco que me llevará a Belém, casi a la media noche, no dejo de pensar en el robo de mi última noche allá. A pocos metros de la puerta del hostal, dos hombres en una moto nos atracaron a mí y otros dos amigos. Todo pasó tan rápido, y aunque el instinto me decía que corriera, el arma que tenía el atracador entre el pantalón me obligó a eventualmente permitir que me arrancara el bolso. AmazonStar 3

Fue un aprendizaje, me digo a mí misma, de no salir con cosas que no voy a necesitar, especialmente en la noche; pudo haber sido mucho peor, me repito, tratando de olvidar todas las cositas que tenía ahí—unas gafas de sol, dos libretas pequeñas, un candado, una memoria USB, el celular. Pero había tenido un día largo y no estaba pensando, y estando tan cerca a Navidad, era de esperarse que la gente, desesperada por llevar regalos a su casa, salga a buscar víctimas en las calles oscuras del centro de la ciudad. Trato de olvidar el robo y miro el cielo negro del Amazonas.

A pesar de haber llegado al barco a las 7:30 am, los espacios para las hamacas ya eran escasos y me tuve que acomodar en el medio de la atestada cubierta, rodeada por filas de hamacas a lado y lado. Pienso que si hubiera venido a dormir al barco la noche antes de zarpar, no sólo tendría un mejor espacio pero no me hubieran robado. Sé que de nada sirve pensar en todo lo que pude haber hecho de otra manera para evitar el atraco, o mi incomodidad en el barco, pero en la oscuridad de la noche no lo puedo evitar.

Aún no han apagado las luces cuando vuelvo a bajar a la cubierta del medio, que está tan copada por hamacas y equipaje que para salir tuve que gatear bajo la gente que duerme apañuscada, con cobijas y almohadas, tratando de descansar antes del desayuno. Hay tantaAmazonStar 19 gente que cada movimiento desencadena un temblor que pasa entre las hamacas, todas entrelazadas, pies y cabezas peligrosamente cerca sin importar la posición que se escoja.

Mientras unos duermen, otros leen sus Biblias y cantan novenas; seguro que es difícil para ellos estar encerrados en un barco durante las fiestas religiosas y necesitan invocar algún sentido de normalidad durante el largo viaje por el río Amazonas. Guardo una pequeña esperanza que al menos algunos de ellos se bajen en los puertos del camino, aunque me estoy preparando para estar atrapada entre el gentío hasta la llegada a Belém, ciudad a las orillas de la desembocadura del gran río en el Atlántico.

Día 2

Apagaron la mayoría de las luces a las 2 am, y pasadas las 7 am no las han prendido a pesar de la oscuridad en la cubierta, causada en parte por el cielo opaco y nublado (¿o es humo otra vez?) y en parte por la cantidad de toallas que cuelgan del techo, tapando la poca luz que logra filtrarse por las ventanas. Un poco antes de las 6 am pasó alguien con una campana marcando el comienzo del día.

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Después de una ducha, entro al comedor en mi nivel y compro el desayuno de $10 Reales—jugo, café con leche, pan, jamón, queso, un huevo frito, y una selección de frutas—y no el de $5 Reales—pan, café con leche y un tipo de pudín que parecía arroz con leche. Sentada en una de las cinco mesas azules del comedor, me doy cuenta que soy la única persona comiéndome un desayuno grande; aparte de dos parejas que compartían el plato de R$10, todos los otros comensales tienen el escaso desayuno de R$5, embadurnando el pan con una exageración de mantequilla, tratando de darle más sustancia a la comida.

Hacemos nuestra primera parada en el puerto de Parintins, pero pocos pasajeros desembarcaron. El día está frío (bueno, frío tropical) y el cielo blanco, contrastando con las aguas color chocolate del Amazonas. Acostada entre las coloridas hamacas, colgadas sobre el piso que ya está lleno de basura, entre ronquidos, llantos y cantos, invadida por el olor a humo que emana de la selva, decido seguir leyendo y prepararme para la primera siesta del día, pensando en lo diferente que fue mi viaje en el Itaberaba, de Tabatinga a Manaus, ya hace más de dos meses.

AmazonStar 13La algarabía de la gente y el silencio de los motores me despertaron de mi siesta. Hicimos una rápida parada en el puerto de Juruti, donde finalmente veo el cielo azul y libre de humo. Para cambiar de entorno, subo a la cubierta superior, donde se vive un ambiente completamente distinto al relativo silencio del piso de las hamacas: arriba, donde pegan la brisa y el sol, hay música y gente conversando animadamente, muchos de ellos tomándose unas cerveza y unos selfies, disfrutando del paisaje y del viaje. Pero hay tanta gente que no encuentro una silla y me siento en el suelo a mirar las playas destapadas y los árboles secos de la selva. Es el mismo paisaje que se veía desde el Itaberaba, aunque la vegetación es menos espesa y los árboles más pequeños y dispersos, al menos en las orillas.

Después de una corta pero fuerte lluvia, paramos en el puerto de Óbidos, ya en el estado de Pará, donde tienen pequeñas embarcaciones amarillas designadas al transporte escolar. Al atardecer, hay pólvora, supongo para celebrar la Navidad. Con el aire acondicionado apagado y las ventanas abiertas, hace un calor casi insoportable en las hamacas, y sigo invocando la posibilidad que se baje mucha gente en Santarem, queriendo pasar las fiestas en tierra firme con sus familias.

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Para mi gran descanso, se bajan muchos pasajeros cuando llegamos a Santarem a las 8 pm. Aunque dejo mi hamaca en el mismo lugar, ya tengo espacio no sólo para estirarme diagonalmente en ella sin tropezarme con pies, codos, o cabezas, sino que por fin tengo cómo salir sin gatear debajo de las otras personas. Y siquiera, porque me enteré que nos quedaremos en el puerto hasta mañana.

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Día 3

No duró mucho mi dicha de tener espacio para estirarme en la hamaca ya que en la mañana llegaron más pasajeros que van a Belém, aunque no está tan atestado como el primer día. También descubrí que en la cafetería de la cubierta superior venden sánduches calientes de jamón y queso a R$4, lo que hubiera sido una mejor opción para la comida de anoche, ya que compré (y no fui capaz de terminar) un plato demasiado grande de carne, arroz, pasta, y fariña.

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La salida de Santarem, cerca al medio día, trae una inesperada sorpresa: otro encuentro de los ríos tan espectacular como el de Manaus. Las aguas, en este caso aguamarina y chocolate, bailan y crean una línea divisoria que contrasta con la selva verde que rodea el río. La esperanza de conocer Alter do Chão ahora, y no tener que esperar hasta mi regreso en casi dos años, se intensificó y evaporó con la salida del barco.

Unas horas después, hablando con unas mujeres que se sacaban pelos y granos unas a otras en la cubierta superior, me entero que no llegaremos a Belém mañana como esperaba, pero temprano pasado mañana, lo cual significa pasar una noche más en el Amazon Star. Para lidiar con esta información decido tomar cerveza. AmazonStar 23

Sentada en la cubierta con una cerveza fría, intentando seguir las conversaciones rápidas en portugués de las mujeres, noto que aquí el río es mucho más ancho que antes, cumpliendo con su reputación por ser el más caudaloso del mundo, incluso en la temporada seca que ha expuesto las riberas y playas del Amazonas. Después de demasiadas cervezas, invitación de un hombre enamorado de una de las mujeres con quienes hablo, finalmente bajo a comer y dormir.

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Se se subió mucha gente en Monte Alegre, llenando el barco aún más que el primer día cuando salimos de Manaus. La ansiedad de llegar está empeorando con la claustrofobia. Dormí apañuscada entre hamacas que están tan cerca, que es imposible moverse sin pegarse con alguien, o quedarse quieto sin que el vecino me mueva. Estamos unos encima de otros, y ya hasta los pasillos están ocupados por las hamacas y equipaje de los pasajeros que embarcaron en la noche.

En la tarde, cuando me despierto de una larga siesta, miro por la ventana y veo la selva. Sí, he estado viajando por el Amazonas hace más de dos meses, pero ésta es la primera vez que veo la selva en Brasil tal como uno se la imagina: vegetación espesa, tupida, verde, vibrante, colgando sobre el río. Pasamos pequeñas comunidades de casas de madera que a penas se ven entre las palmas de coco y los manglares. Los indígenas se acercan al barco en sus canoas esperando que los pasajeros les tiren paquetes de comida y bolsas con ropa. Bajo el sol fuerte y el cielo azul, viajamos lentamente por el estrecho canal del río que nos saca de la monotonía de los últimos días. Siento que, a pesar de haber ya salido del estado de Amazonas, finalmente llegué a la selva.

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Hacemos una última parada en la noche en el puerto de Breves y mi ansiedad llega a su punto máximo, ya desesperada por dormir lejos de las niñas que mueven mi hamaca todo el día, del gordo que ronca toda la noche, de la suciedad de los baños, de gatear sobre el piso mugroso, de las latas de cerveza a R$5, de las mismas caras curiosas que miran todo el día, de estar encerrada entre esa nave que flota por el río.

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Día 5

Incapaz de dormir entre el gentío, paso la última noche desvelada, viendo cómo el cielo pasa de un negro profundo a un morado suave y AmazonStar 27eventualmente a un azul brillante. Veo a Belém en la distancia, bañada por la luz del amanecer, rodeada de nubes. Me sorprende el tamaño de la ciudad, los edificios altos a las orillas del río, el puerto moderno y limpio. Llego al hostal a comer y dormir, y a recuperarme de este viaje que resultó siendo más difícil de lo que me imaginaba, pero también más satisfactoria la llegada a esta nueva ciudad.

 

English Version
Mi Vida Nómada
Manaus

PNN Tayrona

Tayrona National Natural Park, located in Colombia’s Magdalena department on the northern Caribbean coast, is one of the country’s most popular parks. Travellers usually begin their journey to Tayrona deep in Santa Marta’s market, on the corner of 11th&11th, where a bus heading north-east shuttles passengers back and forth between the centuries-old streets of the city to the misty mountains of the Sierra Nevada de Santa Marta.

El Parque Nacional Natural Tayrona, ubicado en el departamento del Magdalena en la costa norte del Caribe colombiano, es uno de los parques más populares del país. Los visitantes normalmente comienzan su viaje en el centro del mercado de Santa Marta, en la esquina de la 11 con 11, donde un bus rumbo al nororiente los lleva entre las centenarias calles de la ciudad y las nubladas montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta.


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A 2-hour trek through the jungle offers impressive views of the rough open coastline and the dense forests; hundreds of imposing rocks decorate the other-worldly landscapes.

Una caminada de 2 horas por la selva ofrece impresionantes vistas del agitado mar abierto y los bosques espesos que lo rodean; cientos de imponentes rocas decoran los extraordinarios paisajes.

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But beyond the songs of countless birds and the endless shades of green, beyond the cool rivers that run down the mountains and into the azure ocean, my favourite things about Tayrona are the natural contrasts that exist within it: a treacherous sea smashing into a tropical wonderland; rain clouds tinting the magnified colours of the sun-drenched forest; caimans that claim their territory between the sea and the mountains; ancient hints of a lost civilisation forcing us to remember those who came before us.

Pero más allá de las incontables canciones de las aves y los interminables tonos de verde, más allá de los ríos fríos que bajan por las montañas para desembocar en el océano azul, lo que más me gusta del Tayrona son los contrastes naturales que existen dentro de él: un mar traicionero que rompe contra un paraíso tropical; nubes de lluvia que tiñen los colores amplificados del bosque soleado; caimanes que marcan su territorio entre las montañas y el mar; pistas antiguas de una civilización perdida que nos obliga a recordar a quienes vivieron antes que nosotros.

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Vida Nómada: Encontrándome en el Agua

Ahora que me enfrento cara a cara con el comienzo de una vida nómada, entiendo que la preparación para este cambio va más allá de alivianar el equipaje; implica empezar desde cero, aprender a hacer las cosas de otra manera y ser más espontánea, guiada por eso que traigo por dentro, eso que no me permite la quietud. Es indispensable aceptar y alegrarme con la (¿percibida?) locura que me lleva a querer dejar atrás la estabilidad, y optar en cambio por una vida incierta y móvil.

Para mí todo comenzó en la niñez, seguro en mi primer cumpleaños cuando di mis primeros pasos sobre la arena negra de las playas de Cartagena, caminando hacia el mar, hipnotizada por el agua. Bueno, me imagino que fue un tipo de hipnosis o conjuro mágico, porque desde entonces no he dejado de perseguir aguas tropicales. Toda mi vida he estado encontrándome con el agua; parece que siempre estuviera yendo hacia el mar, o buscando cascadas encerradas entre rocas musgosas, o explorando cavernas de mármol en los ríos fríos que bajan de las montañas.

Mi fijación con descubrir los secretos que la Tierra esconde creció con los primeros mapas que miré, fascinada que el mundo se extendiera más allá de mi casa, de mi ciudad. Los primeros libros que me saboreé estaban llenos de animales y lugares exóticos, habitados por personajes fantásticos, viviendo vidas tan diferentes a la mía, envueltos en otros colores y olores, con otras lenguas y vestimentas. Siempre me he preguntado cómo sería la vida al otro lado del planeta, y he buscado incansablemente la respuesta, a tal punto que se ha convertido en la tesis de mi vida.

tree coconut beach Hikkaduwa Sri Lanka travel sunset clouds nature horizontal

Hikkaduwa, Sri Lanka

Un mapamundi inflable de la época de la Unión Soviética me quitó infinitos momentos, llevándome a soñar que alguna vez pisaría tierra en esos países con formas tan extrañas. Había algunos en particular que me cautivaban, como Sri Lanka, esa isla en forma de lágrima que cuelga al suroriente de la India; o las islas de la Polinesia, regadas por el Pacífico Sur como esmeraldas perdidas en el azul de ese océano infinito. Me han fascinado particularmente los oasis y las islas desiertas—dos paradojas naturales de los paisajes tropicales. Tendrá algo que ver con la soledad implícita de esos lugares tan remotos, que vi en fotografías que parecían pinturas hechas por artistas de otros mundos.

La geografía me apasionaba y se me llenaba la cabeza de preguntas sobre esos lugares, tan ajenos y cercanos a la vez; lugares que podía mirar pero no tocar, que podía estudiar pero sin saber a qué olía su aire. No llegar a conocerlos, a pisarlos y olerlos, nunca ha sido una opción para mí, mi terquedad aboliendo cualquier duda que la realidad se atreva a interponer.

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Parque Nacional Natural Tayrona, Colombia

El viaje, el trópico, la selva y el mar son pasiones tan profundamente arraigadas en mi ser que forman parte de la fibra que me compone, como si estuviera hecha de arena y aguasal. Ando poseída por la necesidad de conocer el mundo; obsesionada por llevarme el recuerdo de la brisa cálida de cada playa; de tatuarme el sonido del mar chocando contra las rocas. Ando tan perdida entre mapas y sueños, atrapada por alucinaciones de aguas turquesas que recorren mares y ríos, que he decidido dejarme llevar completamente por mi atracción al movimiento, al cambio, a lo inesperado.

En unas cortas semanas emprenderé un viaje por el Amazonas, de Colombia a Brasil, del Caribe a los Andes y más allá de los grandes ríos que cruzan la selva. Me voy buscando quién sabe qué cosas, viajando por las aguas negras rodeadas de todos los tonos de verde imaginables; aguas que me llevarán hasta el mar, hasta esa mágica costa Atlántica que conserva la forma que encaja con el África. Quiero estar ahí, en las orillas de ese ombligo, de esa boca que sobresale como haciéndole señas al antiguo continente, llamando a la vieja madre, rogándole a los mares que junten las tierras otra vez.

Pantano Cayarú

Pantano Cayarú, Amazonas peruano

Espero compartir mi viaje desde el proceso físico de dejarlo todo atrás hasta las aguas oscuras del Amazonas y la enigmática costa Atlántica. Documentaré mi experiencia del desapego de lo material—bueno, excepto las indispensables especias aromáticas y cucharitas de palo que ocuparán su puesto en mi equipaje—; del viaje de tres días entre Leticia y Manaus; de las playas temporales de los ríos del Lençóis Maranhenses; de lo inesperado y lo mágico que sólo el camino puede revelar.

He tenido la suerte de conocer muchos de esos lugares con los que soñaba; me he perdido ya en varios continentes, enamorándome cada vez más de las posibilidades infinitas que existen al viajar, al aprender. Y pronto cumpliré otro de mis deseos, conjurado alguna vez mirando un mapa, de conocer qué hay entre esas delgadas líneas azules que dicen llevar el agua de la tierra al mar.

Vida Nómada
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Mompox: Viaje a la Isla que el Tiempo Olvidó

Nuestro recorrido de seis horas de Santa Marta a Santa Cruz de Mompox nos llevó desde las bahías de la costa Caribe hasta las sabanas del río Magdalena, oscilando entre los departamentos del Magdalena, el Cesar y nuestro destino en el sur del Bolívar.

A Mompox 1 Es interesante bajar desde la costa hasta los ríos de la sabana, ver cómo cambian los paisajes, la vegetación, la humedad y la velocidad de la vida cotidiana. Pero un constante es el vallenato, que se escucha Mapas mompoxdesde las montañas áridas que rodean las bahías de Santa Marta hasta las ciénagas y pantanos que rodean la isla de Mompox.

A Mompox 5

Cruce del río en Santa Ana, Magdalena

Viajamos de la zona bananera a la ganadera por carreteras curvas y planas, pasando al lado de bicicletas y burros, usualmente cargados con más de un pasajero y mercancías de toda índole, esquivando vacas que cruzan de un potrero a otro arreadas por vaqueros–niños y hombres–que van tranquilamente a caballo luciendo sus sombreros vueltiaos.

Atravesamos un pueblo tras otro, sintiendo el cambio en el aire, de la brisa salada del litoral al aire húmedo de las planicies, parando primero en Bosconia y luego en Santa Ana, donde cruzamos un pequeño brazo del río para llegar a la isla de Mompox.

Santa Cruz de Mompox

Mompox 21-2

Calle Real del Medio

Este antiguo pueblo fundado en 1537, nombrado Patrimonio de la Humanidad en 1995 por la UNESCO, resuena en la memoria de Colombia como una isla cargada de historia, que ha presenciado todo desde la Inquisición hasta batallas lideradas por el mismo Bolívar, y que fue olvidada por generaciones y gobiernos.

Llegamos después del medio día y empezamos nuestro recorrido por la Calle Real del Medio, vía principal que atraviesa el centro histórico donde, caminando entre los talleres de filigrana y oro, nos asombramos ante las viejas casonas coloniales, tan bien preservadas como se puede esperar de un pueblo atrapado en la humedad y el olvido. Por años, Mompox pareció estar estancado en el aire quieto de la Depresión Momposina, que evita que la brisa refreseque sus largas calles de aceras altas y tejados cerámicos.

Mompox 12Mompox 23Hoy, Mompox está recuperando algo de su vieja gloria gracias a sus atractivos para turistas tanto nacionales como extranjeros, quienes se ven recorriendo las calles lentamente, sudando abudantemente, admirando las viejísimas iglesias, paredes despintadas, y ventanas y puertas coloridas que adornan el centro y evocan imágenes del realismo mágico de García Márquez y las historias de amor que nacieron en el Magdalena.

En el centro histórico se respira la tranquilidad que inevitablemente resulta del calor y la humedad de la región. Sus habitantes pasean en bicicletas o motos, evitando caminar las largas cuadras en las horas del día. Los moto-taxis pasan recogiendo y dejando pasajeros en las diferentes plazas y parques del centro, todas rodeadas por edificaciones cargadas con capas de pintura centenaria. Los pocos transeúntes que se atreven a caminar buscan la escasa sombra que dan los techos, siempre a la expectativa de la próxima limonada o bolis de corozo para refrescarse.

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Mompox 116Mompox 66 

Aún con muchas de sus antiguas estructuras bajo mantenimiento, especialmente aquellas a lo largo del río, la belleza de los balcones y terrazas, de las cúpulas y los arcos en las iglesias, sobresale tras la lona verde que intenta esconder estos secretos arquitectónicos hasta que estén en condición óptima para enamorar, como lo hicieron alguna vez.

Pero más allá de las casas e iglesias, los parques y sedes gubernamentales e institucionales de Mompox son realmente tesoros históricos, rebosando con relatos de una Colombia que luchaba por su independencia y reconocimiento como República. Sus capillas y patios cuentan de la época de Simón Bolívar quien, después de la Campaña Admirable en 1813, declaró que si “A Caracas debo la vida, a Mompox debo la gloria.”

La Ciudad Valerosa fue la joya del Magdalena hasta los 1800, pero a comienzos del siglo XX se sedimentó y cerro su brazo del río y el comercio fluvial fue desviado hacia Magangué, dejando a Mompox olvidado, abandonado con su arquitectura colonial, un recuerdo imponente y permamente del pasado ilustre de la isla. Mompox 48

Mompox 114Pero su pasado y númerosas iglesias construidas siglos atrás valorizan a Mompox, especialmente para el turismo religioso y cultural. En Semana Santa, miles de creyentes y personas interesadas en la historia y costumbres religiosas del país viajan al pueblo para las elaboradas celebraciones de la Semana Mayor del catolicismo, conmemoradas con procesiones y serenatas a los difuntos, las cuales dicen practicarse en la isla desde mediados del siglo XVI.

Mompox ahora intenta recuperar lo mejor de su pasado e incorporarlo a una ciudad moderna e incluyente para Mompox Cementerio 3los visitantes. Está mejorando el acceso a información para los turistas, al igual que el acceso a la isla como tal, que ya cuenta con un puente por el lado de El Banco, Magdalena, facilitando la entrada terrestre.

Con el desarrollo del turismo, la gastronomía de la isla también ha podido crecer, evolucionar y experimentar. Fue la comida que nos llevó a tomar moto-taxis y caminar más lejos de lo que nos exigían los sitios de interés turístico para disfrutar platos tradicionales como el pato, el bocachico, el galápago (tortuga de agua dulce), el queso momposino (allá conocido simplemente como queso de capas) y el suero, que se puede comprar por Mompox 49cucharadas al lado de la carretera. La curiosidad gastronómica también nos llevó a restaurantes más modernos como El Fuerte, donde un chef austríaco prepara deliciosas pizzas en horno de leña.

Con sus incontables encantos culturales, gastronómicos y arquitectónicos, Mompox Mompox 56se está convirtiendo en un componente esencial de una Colombia abierta al turismo y orgullosa de su legado histórico. Pero la historia religiosa, la amabilidad de la gente y el patrimonio arquitectónico son sólo una parte del atractivo de Mompox y la región sabanera del Magdalena: su entorno natural es tan rico como su historia, e igualmente bien preservado.

Ciénaga del Pijiño

Mapas mompox_2Sabíamos que no nos podíamos perder de un paseo por los pantanos del río, entonces embarcamos en una canoa a las 3:30 de la tarde con rumbo a la Ciénaga del Pijiño, a unos 45 minutos a paso lento del centro. Durante el recorrido vimos numerosas aves acuáticas preparándose para la noche con las últimas horas de luz, pescadores recogiendo sus redes y niños jugando en las tibias aguas pantanosas.

Después de un descanso y unas cervezas frías a las orillas del pantano, regresamos a Mompox acompañados por los colores vibrantes del atardecer, las iguanas silueteadas en las ramas altas de los árboles y la fresca tranqulidad que trae la noche.

Mompox Cienaga 67  Mompox Cienaga 64

Con el sol oculto, la humedad es más tolerable y disfrutamos de caminar por el centro en la noche, admirando las estructuras iluminades por la luz tenue en las calles que dan la De Mompox 5impresión de ser faroles de vela o aceite, aumentando el sentimiento de antigüedad que reina en las amplias esquinas.

Regresamos vía Magangué para tomar el ferry que sale de La Bodega y navega por el Magdalena. De allí viajamos a Barranquilla y de nuevo a Santa Marta.

Mompox es un destino único y mágico para no perderse; como un espejo del pasado y un reflejo del futuro, abarca lo mejor de dos mundos que lo atrapan en el medio. Mompox, la Valerosa, se disfruta más cuando se olvidan el reloj y el calendario y se permite empaparse de su misteriosa realidad, tan ajena a la realidad externa, y que parece desvanecerse al salir de esta isla encantada.

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Ver Galerías — Mompox: Patrimonio HistóricoLa Ciénaga del Pijiño

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Palomino, Guajira

Palomino es un corregimiento del municipio de Dibulla en el departamento de La Guajira en el nororiente colombiano. Palomino disfruta de una biodiversidad única y rica gracias a su ubicación ideal entre el mar Caribe y las montañas y ríos de la Sierra Nevada de Santa Marta.

A continuación, fotografías del eclipse total lunar conocido como Luna de Sangre, el hospedaje La Casa de Guadua, la playa, las montañas de la Sierra y la bajada en neumático por el río, su nivel de agua mucho más bajo de lo esperado para la época del año (abril 2014) debido a la larga sequía que ha vivido la región.

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Palomino is a small town in the municipality of Dibulla in the Guajira department of Colombia’s northeastern coast. Palomino’s biodiversity is rich and unique thanks to its ideal location between the Caribbean Sea and the mountains and rivers of the Sierra Nevada de Santa Marta.

Below, photographs of the total lunar eclipse known as Blood Moon, La Casa de Guadua lodging, the beach, the mountains of the Sierra, and tubing down the river, whose water level was much lower than expected for the time of year (April 2014) due to a severe drought in the region.

 

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Kutunsama & Don Diego, Guajira

I recently had the chance to visit an Arhuaco indigenous community in the Sierra Nevada de Santa Marta with British filmmaker Jess Phillimore. Below are photographs of the community and the Don Diego River, where Arhuaco leader Danilo is reclaiming indigenous land.

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Recientemente tuve la oportunidad de viajar a una comunidad Arhuaca en la Sierra Nevada de Santa Marta con el documentalista británico Jess Phillimore. A continuación hay fotografías de la comunidad y el río Don Diego, donde el líder Arhuaco Danilo está recuperando tierra indígena.

 

Kutunsama

 

Don Diego

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Amazonas: Visiones de la Selva / Amazon: Jungle Visions

Amazonas map 1

ubicación de La Pedrera

En mayo de 2014 tuve la oportunidad de regresar al Amazonas colombiano, esta vez para trabajar como traductora en un documental sobre la minería y la importancia del oro para las etnias indígenas del Resguardo y Parque Nacional Natural Yaigojé-Apaporis.

A continuación, una selección de fotografías del trayecto que me llevó, junto con el director del documental, Jess Phillimore, y nuestros guías y acompañantes de la Fundación Gaia Amazonas, a la selva colombiana. Viajé desde Santa Marta a Bogotá, donde me encontré con ellos, y de ahí salimos juntos a Leticia, capital del departamento de Amazonas en el extremo sur del país, y su ciudad hermana brasilera, Tabatinga. De allí salimos hacia La Pedrera, un pueblo del que sólo había leído hace unos años en el libro de Germán Castro Caycedo Perdido en el Amazonas y con el cual había tenido una leve obsesión desde entonces.

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Amazonas map 2

location of La Pedrera

In May 2014, I had the opportunity to return to the Colombian Amazon, this time working as a translator for a documentary film on mining and the significance of gold for the indigenous ethnic groups of the Yaigoje-Apaporis territory and National Natural Park.

Below, a selection of photographs of the journey that took me, along with the film’s director, Jess Phillimore, and our guides and companions from Gaia Amazonas, to the Colombian jungle. I travelled from Santa Marta to Bogota, where I met them, and we then journeyed together to Leticia, capital city of the state of Amazonas in the southernmost part of the country, and Tabatinga, its Brazilian sister city. From there, we left toward La Pedrera, a small town of which I’d only every read about a few years ago in German Castro Caycedo’s book, Lost in Amazonas, and developed a mild obsession with it since.

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Leticia, Tabatinga, La Pedrera

De aquel pueblo a las orillas del río Caquetá, levantado sobre puentes de madera, siempre preparado para las lluvias y la creciente del río que obliga a algunas personas a usar canoa para salir de sus casas, viajamos 10 minutos más para llegar a la sede de la Fundación Gaia, El Cocotal, donde pasaríamos la mayoría de nuestro tiempo en la selva.

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From this town on the shores of the Caqueta River, a town lifted above the water on wooden stilts, ever-ready for heavy rains and the rising of the river which forces some residents to use canoes just to leave their homes, we travelled another 10 minutes to El Cocotal, headquarters for the Gaia Foundation, and where we would spend the majority of our time in the jungle.

El Cocotal

Estábamos en el Amazonas para entrevistar y hablar con los jóvenes investigadores que participaban en el IV Taller de Sistematización de las Investigaciones Sociales Locales y el Proceso Régimen Especial de Manejo (REM) para el Resguardo/Parque Nacional Natural Yaigojé-Apaporis.

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We were there to interview and talk to the young researchers who were participating in the fourth edition of the workshop to digitalise the ongoing local social research to complete the Special Management Regiment process for the Yaigoje-Apaporis indigenous territory and National Natural Park.

Talleres / Workshops

Seleccionados de las siete etnias del territorio, estos jóvenes continúan su trabajo de aprender y compartir la sabiduría tradicional de sus ancestros y con ella conformar los puntos del REM que se le presentará a Parques Nacionales para consolidar la cooperación entre la entidad gubernamental y las tradiciones antiguas de los indígenas para el manejo del territorio.

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Selected from the seven ethnic groups of the territory, these young men continue their work to learn and share the traditional wisdom of their ancestors, and with it create the management plan that will be presented to National Parks to consolidate the cooperation between the government-run agency and the ancient indigenous traditions for the management of the territory.

Entrevistas / Interviews

También visitamos varios lugares sagrados durante nuestra estadía, como el Cerro Yupatí, un monte a las orillas del Caquetá. Desde la cima, se ve el río Caquetá y el departamento de Amazonas por un lado, y el río Apaporis y el departamento del Vaupés por el otro.

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We also visited several sacred sites during our stay, such as the Yupati Mount, a hill on the shores of the Caqueta. From the top, you can see the Caqueta River and Amazonas state on one side, and on the other, the Apaporis River and Vaupes state.

Cerro Yupatí / Yupati Mount

Caminamos por la selva espesa, llena de colores, sonidos y sorpresas, desde arañas hasta cerdos salvajes (los cuales oímos pero no vimos), y claro, muchos mosquitos.

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We walked through the thick jungle, full colours, sounds and surprises, from spiders to wild boars (which we heard but didn’t see), and of course, a lot of mosquitoes.

Chorro San Francisco / San Francisco Fall

Presenciamos los atardeceres amazónicos sobre el río, fuente de inspiración para quien los vive, y hora mágica para ver delfines.

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We witnessed Amazonian sunsets over the river, a source of inspiration for those who experience them, and a magical time to see the dolphins.

Atardecer / Sunset

Pero el lugar más especial que tuvimos el privilegio de visitar fue La Libertad. Este chorro sagrado es considerado el punto de origen de las siete etnias del territorio: es donde la Madre Tierra se convirtió en tierra, y de donde nacieron las poblaciones indígenas del Yaigojé-Apaporis.

También es uno de los lugares que la minería de oro busca explotar, ignorando las palabras, creencias y peticiones de las comunidades indígenas, quienes aseguran que la extracción del oro y otros minerales sagrados de la tierra traerá graves consecuencias para ellos y el equilibrio del planeta.

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But the most special place we had the privilege of visiting was La Libertad (literally The Freedom). This sacred fall is considered the place of origin for the seven ethnic groups of the territory: it’s where Mother Earth was turned into earth, and where the indigenous communities of the Yaigoje-Apaporis were born.

It’s also one of the places sought out for gold mining, an action in complete opposition to the narrative, beliefs and requests of the indigenous communities, who believe the extraction of gold and other sacred minerals from the earth will bring grave consequences to them and the balance of the planet.

La Libertad

El río estaba crecido por la lluvia y muchas de las piedras estaban sumergidas, pero La Libertad emanaba magia, pureza y fuerza. En todos los lugares sagrados parecía haber animales fascinantes; el más increíble para mí fue la raya que encontramos en una playa sagrada.

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The river had risen after the rains and most of the rocks were submerged, but La Libertad exuded magic, purity and strength. There seemed to be fascinating animals at all the sacred places; the most incredible to me was the stingray we found on a sacred beach.

Apaporis

Para llegar, debimos subir por el río Caquetá hasta una trocha, que después de cruzarla, nos llevó al río Apaporis. De allí fuimos hasta La Libertad y luego a la comunidad de Ñumi, donde pasamos la noche y hablamos con un curador tradicional, el viejo Jorge Makuna.

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To get there, we had to travel up the Caqueta until we reached a land crossing which led to the Apaporis. From there we rode to La Libertad and then to the community of Ñumi, where we spent the night and spoke to a traditional healer, old Jorge Makuna.

Apaporis & Ñumi

Regresamos al Cocotal y a los pocos días, con demoras por el clima impredecible de la selva, estábamos otra vez en Leticia y Bogotá (y yo, en Santa Marta).

Esperen el documental!

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We returned to El Cocotal and, a few days later, after some delays due to the impredictable weather of the jungle, we were back in Leticia and Bogota (and Santa Marta for me).

Wait for the documentary!

Videos

Regresa a Galerías de Viajes / Back to Travel Photo Galleries

Regresa a Foto de la Semana / Back to Photo of the Week

Amazonas: Talleres & Entrevistas / Workshops & Interviews

Los jóvenes indígenas a quienes acompañamos durante las dos semanas del taller, fueron escogidos por sus comunidades para realizar el trabajo de investigación y digitalización de la formación del Régimen Especial de Manejo (REM) para su territorio, el resguardo y Parque Nacional Yaigojé-Apaporis.

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The young indigenous men we stayed with during the two weeks of the workshop, were chosen by their communities to complete their research and digitalisation work for the creation of the Special Management Regiment for their territory, Yaigoje-Apaporis National Park.

Talleres / Workshops

Varios de ellos fueron entrevistados para el documental por el cineasta británico, Jesse Phillimore, sobre la minería y el significado del oro en las tradiciones indígenas.

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Several of them were also interviewed for the upcoming documentary film on mining and the significance of gold in their traditions by British filmmaker, Jesse Phillimore.

Entrevistas / Interviews

Regresa a Amazonas: Visiones de la Selva / Back to Amazon: Jungle Visions