Mi Vida Nómada: Universos Paralelos

Entre más me acerco a los treinta, más pienso en el tiempo; en su significado; en su influencia sobre mis acciones y decisiones; en nuestra insistencia que lo podemos doblar, moldear, y ajustar a nuestros deseos; pienso en nuestra percepción de él cuando miramos atrás y cuando imaginamos el futuro.

Olinda

Olinda, Pernambuco, Brasil

Siempre estamos tratando de manipular el tiempo; lo nombramos, lo contabilizamos, como si la nomenclatura nos diera control, como si pudiéramos aprender a amaestrarlo. Esa noción de control es fundamental para nuestro entendimiento del mundo, y dicta casi todo lo que hacemos, desde los horarios para comer y dormir, hasta las edades que se espera cumplamos ciertos requisitos sociales, como el matrimonio y la maternidad. Pero yo siempre he sabido que quiero vivir en un mundo en el que el tiempo sea un concepto igual de flexible al espacio, donde las restricciones de fuerzas mayores sean respetadas mas no idolatradas, donde se valore el tiempo como la moneda más fuerte que poseemos. Entonces decidí cambiar mi mundo con el comienzo de mi aventura nómada.

Aunque el mundo ‘real’ y mi mundo nómada ocupan el mismo espacio y existen simultáneamente, en el mundo del viajero hemos renunciado a la idea del control, tratando de liberarnos de las restricciones tradicionales que pretenden dominar la naturaleza. Personas afines viven en este universo paralelo, flotando entre aventuras, durmiendo en hamacas, compartiendo música, intercambiando historias y a veces más, conociendo amigos, modificando rutas, enamorándonos, aprendiendo a despedirnos, siguiendo nuestros caprichos hedonistas hasta el próximo paraíso, todo esto sin preocuparnos por qué día de la semana sea. Muchos dirán que el nuestro es un mundo irreal y utópico, donde estamos totalmente desentendidos de las responsabilidades cotidianas, pero a nosotros nos gusta verlo como un caos controlado, un orden espontáneo, una vida sostenible llena de sorpresas que nos permite el lujo de escoger el camino que queramos seguir, y de cambiar de idea cada que nos plazca.

Morro Branco 5

Morro Branco, Ceará, Brasil

En este universo, el lunes y el jueves y el sábado son iguales que los otro cuatro días; para mí, cualquier día puede ser de descanso o de trabajo. He aprendido a no medir el tiempo según el día de la semana o del mes, sino por lo que puedo hacer en ese tiempo. Eso no significa que haya perdido toda noción del tiempo, sino que lo percibo de una manera diferente. En vez de cumplir turnos o esperar que el reloj señale la hora mágica para poder escapar la presión de actuar como si fuera posible ‘manejar’ el tiempo, me pregunto: ¿Cuánto tiempo puedo pasar en la playa? ¿Cuánto trabajo tengo que hacer antes, durante, o después? ¿Cuánto se demora el bus, cuánto tengo que caminar? ¿Cuántas cervezas me puedo tomar mientras tanto?

Parallel Universe

Maragogi, Alagoas, Brasil

Viajando, he aprendido a apreciar el tiempo; lo rápido que pasa, lo flexible que es, la cantidad de cosas que se pueden hacer con él, y lo fácil que es perderlo. En este momento, me parece imposible que hayan pasado doce meses desde mayo del año pasado—me parece que fue hace toda una vida. Y a la vez parece haber sido ayer. Me pregunto, ¿cuántas vidas he vivido en el último año? ¿Cuántas almas gemelas he conocido? ¿Cuánto he aprendido, descubierto, dejado atrás? El último año de mi vida parece existir simultáneamente en el pasado lejano y el presente; han pasado tantas cosas que tengo que dudar la veracidad del calendario, que asegura poder medir mis experiencias, cuantificarlas y convertirlas en números para que sean más fáciles de digerir.

Recife Antigo

Recife, Pernambuco, Brasil

Van pasando los meses y me doy cuenta que sólo los logro distinguir según la ciudad, las playas, y los acentos y las caras que acompañan mis memorias. Y cada vez que me muevo—me voy, vengo, vuelvo—aprendo que el tiempo rehusa ser medido o restringido, transformándose en lo que mejor le sirva a él, despreocupado por nuestros deseos o necesidades, y mucho menos por nuestros planes. Y como viajeros hemos aprendido no sólo a aceptar pero a aprovechar su rebeldía; hemos aprendido que las horas sólo importan según las mareas, y los meses sólo en grados; aprendimos a darle prioridad a los kilos, kilómetros, y milímetros de lluvia. Le damos el control no al tiempo sino a nuestra búsqueda por la adrenalina y la novedad, conscientes que el tiempo no es más que un aliado impaciente que en cualquier momento puede dejar a un lado su generosidad.

BomFim

Lagoa Bonfim, Rio Grande do Norte, Brasil

Entonces sí, puede ser que estoy huyendo de algo, puede ser irresponsable vivir lejos de todo, dejando que la política y las cuentas mensuales se borren de mi memoria; de pronto nos debería importar más salir en incontables fotos con la misma ropa vieja, resaltando nuestro vestuario simple pero funcional, y nuestra reticencia a conformarnos a las tendencias de la moda o las expectativas de la sociedad que dictan cómo nos deberíamos ver, hoy en día, a nuestra edad. Pero la verdad es que andamos distraídos viviendo momentos hermosos, cumpliendo sueños, y creando memorias colectivas. Hemos forjado una comunidad de apoyo que intenta vivir de una manera sustentable, feliz, y llena, y en un mundo que parece haber perdido su camino y su identidad, hemos escogido no atarnos al tiempo, sino liberarnos con las posibilidades que nos ofrece.

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Mi Vida Nómada
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Mi Vida Nómada: Encontrando mi Libertad en la Naturaleza

Antes de llegar a Fortaleza me estaba sintiendo un poco atrapada en Barreirinhas; no me sentía en casa y me la pasaba soñando con la playa y los Lençóis Maranhenses, un parque nacional en el estado brasileño de Maranhão. El parque cuenta con 155,000 hectáreas de desierto de arenas blancas, y durante la temporada de lluvias se llenan los espacios entre las dunas, que pueden llegar a medir hasta 40 metros de altura, creando lagunas alucinantes. Tristemente, estuve allá en la temporada seca y sólo una de las lagunas tenía un poco de agua. Pero estaba determinada a ver este lugar, así fuera sin el agua, entonces decidí ir caminando desde Barreirinhas con Maduro, uno de los guías locales.

Quería conectarme con la naturaleza como lo hice en el Amazonas; quería sentir la libertad que sólo consigo haciendo ejercicio físico en un lugar natural. Estaba tan emocionada por llegar allá, que no preocupé por la ida, y ni consideré lo que realmente sería caminar hasta allá. Me desperté a las 4:15 am cuando todavía estaba oscuro y un poco frío, tomé una ducha fría para despertarme del todo, me tragué una taza de café y un pan, y a las 5:00 am Maduro y yo estábamos saliendo del pueblo.

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Como a las 5:20 am cruzamos el hermoso río Preguiças en un pequeño ferry, y empecé a sufrir el momento que nos bajamos al otro lado en la población de Cantinho. Las calles no están pavimentadas en Cantinho; de hecho, parecen más ríos de arena que caminos. Y como llovió en la noche la arena tenía una capa mojada encima pero seguía suelta debajo, lo que creó una capa de arena mojada que se me pegó permanentemente en los pies descalzos; además se volvía más pesada con cada paso, hundiéndome hasta los tobillos.

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Maduro estaba andando tranquilo entre la arena, acostumbrado a hacerlo toda su vida. A veces lo perdía de vista detrás de una curva o un arbusto, y pensaba en salir corriendo de regreso al pueblo, en rendirme, en escaparme de este esfuerzo; cuando salí en este paseo, no pensé que el camino fuera a ser tan exigente. Pero me enfoqué en las dunas de arena, en la magnitud de este lugar que iba a conocer, y mi terquedad perseveró sobre el cansancio.

Caminamos unas cuatro horas sobre la arena mojada, entre un paisaje casi desértico, rodeado de arbustos y cactus, algunos árboles de marañón, y otras plantas que producen todo tipo de frutas extrañas y deliciosas, como la jatoba y el guajiru, que me tragué mientras me insistía a mí misma que disfrutara del camino y no me preocupara cuánto tiempo nos íbamos a demorar… Pero, ¿cuánto tiempo nos vamos a demorar, Maduro? Y él sólo me respondía,—Qué, ¿está cansada?—sonreía y seguía caminando sin mucho esfuerzo.

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Estaba sudando tanto, que me estaba chupando mi propio sudor de la cara para rehidratarme. Bueno, atrapar el sudor con la lengua mientras lo sentía bajar hacia mi boca seguro no era más que un reflejo, pero al probar el líquido salado que caía despiadadamente por mi cara, me convencí a mí misma que probablemente era un método sostenible de rehidratación.

A un poco más de medio camino vi un puente de madera. No lo podía creer, ¡tierra firme! Traté de correr hacia el puente, hundiéndome en la arena, ciega por el sudor, emocionada por la mera posibilidad de caminar en tierra firme aunque fuera sólo un poquito. Y terminó siendo bien poquito—un poco más de 4 metros para ser exacta. Pero fue increíblemente satisfactorio, y paramos a descansar unos minutos y tomar agua (en vez de sudor) antes de seguir.

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Me seguía diciendo a mí misma,—Vas a sobrevivir, ni pienses en el regreso,—mientras trataba de seguirle el paso a Maduro. Y de pronto las vi: dunas tan grandes y blancas que parecían montañas cubiertas con nieve. No lo podía creer ¡habíamos llegado a los Lençóis Maranhenses! En ese momento dejé de sentir cansancio en el cuerpo, mis piernas se llenaron de energía, y mi mente estuvo libre de preocupaciones o ansiedades; lo único que quedó fue mi sonrisota que reía sin aliento.

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Subimos por una duna enorme que nos llevó a uno de los paisajes más increíbles que he visto en mi vida: filas interminables de dunas amarillas, blancas y naranja esculpidas entre grietas profundas donde se acumula el agua cuando llueve, y decoradas con arbustos y árboles verdes azotados por el viento. La inmensidad de este lugar me dejó sin palabras y me hizo sentir diminuta; no éramos más que punticos moviéndonos en este terreno implacable. Caminamos hacia la única laguna que tenía un poco de agua, para satisfacer la promesa de refrescarnos y descansar.

Llegamos a la pequeña Lagõa do Peixe, la laguna del pez, que tendría unos 30 cm de agua negra como mucho, pero nos metimos felizmente mientras caía una llovizna. Rodé por una duna directo al agua, y nadé entre los pecesitos. Fuera del agua, ranitas miniaturas del mismo color de la arena saltaban lejos de nosotros. Definitivamente no era lo que había visto en fotos (por favor, busca este lugar en Google), ni lo que había imaginado al ver los espacios profundos entre las dunas, donde aún se veían rastros de agua, pero fue un lugar que se robó mi corazón; los canales que se convertirán en ríos después de una lluvia fuerte me provocaban con la promesa de lagunas turquesas entre la arena blanca. Fue absolutamente espectacular.

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Mientras Maduro tomaba una siesta bajo un árbol, exploré las dunas con mi cámara. Después de unas horas de dar vueltas, teniendo mucho cuidado de no perder de vista la laguna, y de comer sardinas y galletas, vimos llegar un grupo de turistas en un 4×4. Tal como había planeado (pero rehusaba prometer), Maduro habló con el conductor quien acordó llevarnos de regreso al pueblo. A pesar de haber pasado una mañana lindísima en uno de los lugares más hermosos del mundo, oír la noticia que no tendría que caminar de regreso fue uno de los mejores momentos del día.

Mientras caminábamos bajo las pesadas nubes grises hacia los carros, Maduro me mira y me dice,—Va a llover…duro—. Unos 30 segundos después, se desató una tormento sobre nosotros. El viento era tan fuerte que no estaba segura si era el agua o la arena que me estaban latigueando, ¡pero dolía mucho! Estaba emparamada y tan feliz. El camino de regreso fue muy movido y las ramas de los árboles me raspaban las piernas y los brazos mientras acelerábamos entre los caminos de arena, pero aún así fue mejor que tener que caminar otra vez.

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Galería de Fotos
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Mi Vida Nómada

Mi Vida Nómada: Mi Vida Real

He estado leyendo mucho sobre la realidad detrás de algunos de los posts más populares en internet, y cómo las vidas de los blogueros de viajes particularmente son curados para conseguir más ‘likes’ y ser compartidos en las redes sociales. No se puede negar que algunos blogueros esconden la realidad de sus viajes para que sus seguidores no tengan que presenciar el aburrimiento que a veces acompaña los viajes perpetuos, como las esperas eternas en estaciones de buses y aeropuertos, los viajes incómodos en camiones y motos, y a veces, más tiempo libre de lo que uno quisiera tener.

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Isla de Cotijuba, Pará

Aunque normalmente sólo subo fotos de los paisajes y ciudades que he visitado—porque son las imágenes que me llevo de cada lugar y las que quiero compartir—he tratado de mantener la veracidad de mis historias compartiendo también mi frustración durante viajes larguísimos e incómodos en barcos, o de no sentirme en casa en todos los lugares adonde llego. Hago esto porque, no sólo quiero mostrar la realidad de una Vida Nómada, sino porque simplemente estoy documentando mis viajes por Brasil; no estoy compitiendo por ‘likes’ (obviamente) ni queriendo causar envidia por la vida que he escogido vivir.

La verdad es que estoy viviendo una vida muy normal mientras viajo por Brasil, sólo que estoy cambiando de ciudad constantemente. Generalmente, mis días son bastante normales, aunque algo preocupante es con la normalidad que me preocupo por mi seguridad. Este sentido de inseguridad ha dificultado mi habilidad de fotografiar muchas de las ciudades en las que he estado, porque no es seguro andar con la cámara. Me encantaría compartir lo que veo en las calles, pero a veces lo único que puedo hacer es grabar esas imágenes en mi mente y tratar de no olvidarlas nunca; como el chico de 17 años que vi con un carrito lleno de licores al medio día al frente de una caricatura pintada en la pared, o el hombre preparando pescados frescos en un hueco de un muro naranja bajo el sol caliente de Fortaleza.

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Lençóis Maranhenses, Maranhão

Y así, entre imágenes y sensaciones inolvidables, la vida sigue cambiando de ritmo, moviéndose entre los colores y olores y sonidos que componen una ciudad. Las mismas cosas que formaban mi vida en Colombia forman mi vida aquí: voy a mercar, cocino, lavo, limpio, madrugo, veo películas malas, me preocupo por mi presupuesto, me pregunto cuándo voy a poder tener otra noche libre o pasar la mañana entera en la playa. La diferencia es que aquí no tengo las comodidades que hacen estas tareas más fáciles en casa.

Y claro, me la paso trabajando. Sea domingo or martes o viernes, siempre necesito estar disponible para el trabajo. Pero a pesar de las restricciones de una vida laboral normal, también tengo los privilegios de un trabajo a distancia. Hace unas semanas, por ejemplo, viajé casi 170 km al sur de Fortaleza a Canoa Quebrada, un pueblito en la costa que ha sido invadido por los franceses, los ingleses, los portugueses, y eventualmente, los hippies. La historia cuenta que un hombre de Pakistán fue quien dejó la marca más grande cuando talló una luna creciente y una estrella en los acantilados de la playa, un símbolo que hasta hoy representa el pueblo.

Canoa Quebrada

Canoa Quebrada, Ceará

Aunque trabajé todos los días que estuve allá, siempre encontré el tiempo para ir a la playa y salir en las noches a probar la comida y oler la sal en el aire. Me encantaba salir a caminar por las calles empedradas hasta la playa, nadar en las olas fuertes, y admirar la costa Atlántica desde los acantilados. Pero la mejor parte fue escaparme de la ciudad y estar más cerca a la naturaleza; me revitalizó e hizo el regreso a Fortaleza muy difícil.

Aparte de mi blog y otros proyectos en línea, también estoy haciendo intercambio de trabajo en hostales; ya terminé mi trabajo en Fortaleza, la capital del estado de Ceará, ahora estoy trabajando en un hostal en Recife, en el estado de Pernambuco, y trabajaré en otro en Natal, en el estado de Rio Grande do Norte, el próximo mes. Para cumplir con mis compromisos, sólo me pude quedar una semana en São Luís, capital del estado de Maranhão, aunque me hubiera encantado quedarme más tiempo. Y estuve trabajando tanto durante esa semana (por lo que estoy muy agradecida) que ni siquiera pude conocer mucho la ciudad ni visitar las playas. Pero a pesar de pasármela sentada en el computador trabajando, no subí ninguna foto mía así porque no me parece muy interesante, entonces entiendo cómo eso se puede interpretar como excluír parte de la historia, pero ¿de verdad preferirían verme pegada a una pantalla que una foto del mágico centro histórico de São Luís?

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São Luís, Maranhão

Yo sé que si sólo resaltara los días que paso en la playa o en la selva, sería fácil pensar que estoy viviendo una vida idílica visitando playas y ciudades de 400 años—y bueno, lo estoy haciendo—pero no es lo único que hago. La verdad es que he pasado la mayoría de los últimos dos meses sentada trabajando todo el día mientras los otros huéspedes salen a conocer, pasando sus días tomando cerveza en la playa o bailando reggae en algún bar del centro.

Pero no me estoy quejando, aunque tampoco me quejaría de tener más tiempo en la playa o caminando por las calles empedradas de ciudades centenarias construidas con azulejos portugueses. Pero esa es la realidad de Mi Vida Nómada: el trabajo es lo primero, la diversión segundo. Y la mayoría de los días estoy demasiado cansada después del trabajo para hacer otra cosa.

Canoa Quebrada

Canoa Quebrada, Ceará

Pero después pienso, si esos son mis ‘problemas’, no los cambiaría por nada. Y esa es la belleza de mi vida: no se trata sólo de viajar, conocer playas y probar comidas exóticas, sino de tener la libertad de escoger el estilo de vida que más me conviene y que me hace feliz. Pienso que eso es lo que todos deberíamos buscar—hacer lo que nos gusta de una manera sostenible. Porque aunque a mí me encanta viajar, moverme, y conocer lugares y personas nuevas, eso no es necesariamente lo que todo el mundo quiere—no es el estilo de vida para todos.

Entonces pienso que en vez de hablar del lado sofisticado del viaje (porque mi estilo de viajar realmente no es nada elegante), deberíamos cambiar la narrativa para esclarecer que nosotros (‘nómadas’) no dejamos atrás nuestras vidas estables para viajar sólo porque podemos, sino porque debemos. Y si para ti no es una necesidad, no lo hagas; si una vida nómada e incierta no es para ti, no la busques simplemente porque está de moda o porque crees que, según lo que lees en internet, es lo que deberías hacer.

Fortaleza

Fortaleza, Ceará

Creo que, a fin de cuentas, sin importar la vida que escojas, son los momentos pequeños que valen y son los que deberíamos apreciar, porque son esos preciosos segundos e imágenes que se suman para construir nuestros días y semanas y meses y años y, eventualmente, se convierten en nuestras vidas, así que deberían valer la pena. Para mí, esos pequeños momentos me hacen feliz, como caminar por la calle después de hacer alguna vuelta burocrática y ver una pared azul al frente, y darme cuenta que ¡es el Atlántico! O caminar por la playa en camino al mercado y ver una chica en patineta con una tabla de surf bajo el brazo. O hablar con personas de todas partes del mundo y saber que algo nos trajo a todos a este lugar.

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São Luís, Maranhão

Me encanta el camino que he encontrado, y me sorprendo a mí misma constantemente en este viaje con todo lo que estoy aprendiendo, como cuando tengo una conversación profunda con alguien en portugués y me doy cuenta que ya puedo expresar mis ideas claramente en este idioma. O cuando finalmente descubro cuál bus coger sin tenerle que preguntar a todo con quien me tropiezo en la calle. Así que espero que sigas este viaje a través de mis fotos e historias, y que si piensas que estoy fallando en mi manera de documentar mi viaje, ¡me lo digas!

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Mi Vida Nómada

 

Stories That Cross Boundaries: From the Amazon to the Atlantic

Photographs of my second boat trip in Brazil, from Manaus, in the Amazon, to Belém, on the mouth of the Tapajós River near the Atlantic coast. Read the story of this journey here.

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Fotografías de mi segundo viaje en barco en Brasil, de Manaus, en el estado de Amazonas, a Belém, en la desembocadura del río Tapajós cerca la costa Atlántica. Lee la crónica del viaje aquí.

Leticia to Manaus / De Leticia a Manaus
Travel / Viajes – 20152011-2014
My Nomadic Life / Mi Vida Nómada

Manaus, Amazonas

Located in the middle of the Amazon Rainforest, Manaus is home to 2.5 million people and spreads out over 11,000 km² along the banks of the Rio Negro. It is a grey oasis that only hints at the great jungle that surrounds it, lulling us with its oppressive heat into forgetting where we are, offering no respite from the giant, hot sun, unapologetic for obscuring nature with its tall buildings and cracked asphalt, still clinging on to the remnants of the rubber boom that built the city amidst the thick rainforest in the late XIX century.

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Ubicada en el medio del Amazonas, Manaus tiene 2.5 millones de habitantes y se extiende más de 11,000 km² sobre las orillas del Río Negro. Es un oasis gris que sólo insinúa estar rodeado por la gran selva, arruyándonos con el calor opresivo para que olvidemos dónde estamos, sin ofrecernos un respiro del enorme sol, sin arrepentimientos por obstruir la naturaleza con sus edificios altos y asfalto quebrantado, afferándose a los restos de la bonanza del caucho que construyó la ciudad en medio de la selva a finales del siglo XIX.

Cemitério São João

There are over 80,000 bodies buried in the Sao Joao Cemetery in Manaus which was built in 1891. The graves are separated–the Jews on one side and Catholics and Christians in the other, larger, area. These photographs were taken on the Day of the Dead, on November 2 of 2015, when people visit cemeteries, bring flowers, and light candles for the dead.

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El Cementerio São João de Manaus, construido en 1891, tiene más de 80,000 cuerpos sepultados. Las tumbas están separadas–los judíos a un lado y los católicos y cristianos en la otra sección, que es más grande. Tomé estas fotografías el 2 de noviembre de 2015, el Día de los Muertos. Esta fecha es conmemorada con visitas a los cementerios, donde las personas llevan flores y prenden velas para quienes ya no están.

Palacete Provincial

Located in the Heliodoro Balbi plaza, construction on the Provincial Palace was finished in 1874. It served as a governmental house, a police station, a school, and a public library before being turned into a museum in 2009.

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Ubicado en la plaza Heliodoro Balbi, la construcción del Palacete Provincial fue terminado en 1874. Sirvió de casa gubernamental, estación de la policía, un colegio, y biblioteca pública antes de ser reformado como museo en 2009.

Palácio Rio Negro & Parque Jeferson Peres

Built in the early XX Century, the Rio Negro Palace was originally a private residence during the rubber boom in the Amazon. It was then turned into the governor’s residence, and eventually opened as a cultural centre in 1997.

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Construido a principios del siglo XX, el Palacio Río Negro fue originalmente una residencia privada durante la bonanza del caucho en el Amazonas. Después fue convertido en la residencia del governador, antes de ser convertido en un centro cultural en 1997.

Teatro Amazonas

My favourite thing in the city, apart from it’s market place, is the Amazonas Opera House. Finished in 1896, it is an imposing structure; its pink exterior is capped by a Brazilian flag dome, built entirely with individual, hand-placed stones brought from Europe.

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Lo que más me gusta de Manaus, además de su plaza de mercado, es el Teatro Amazonas. Esta imponente estructura fue terminada en 1896, y aún deslumbra con su fachada rosada y su domo, que brilla con los colores de la bandera del Brasil y está hecho completamente de piedras traidas de Europa y puestas a mano.

Rio Negro & Praia da Lua

The Rio Negro (Black River) starts its course in Colombia, where it’s known as the Guania River. After a short run through Venezuela, it dips into Brazil and through the state of Amazonas, travelling East, parallel to the Amazon, eventually turning into the Solimoes River; the place where they join is known as the meeting of the waters, a spectacular natural occurance where the different waters come together without mixing.

Praia da Lua (Moon Beach), is one of the most popular for swimming on the white beaches of the largest black river in the world.

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El río Negro nace en Colombia, donde es conocido como el río Guanía. Después de recorrer un tramo corto por Venezuela, baja al estado de Amazonas en Brasil, donde corre hacia el oriente, paralelo al Amazonas, y finalmente se convierte en el río Solimoes. El lugar donde se juntan estos ríos es conocido como el ‘encuentro de las aguas’, una espectacular ocurrencia natural donde las aguas se juntan sin mezclarse.

La Playa de la Luna es una de las más populares para nadar en las orillas de arena blanca del río de aguas negras más grande del mundo.

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Vida Nómada: Del Amazonas al Atlántico

Día 1

Mi salida de Manaus en la mañana del 23 de diciembre de 2015 no fue lo que me había imaginado. Sentada en la cubierta del Amazon Star, el barco que me llevará a Belém, casi a la media noche, no dejo de pensar en el robo de mi última noche allá. A pocos metros de la puerta del hostal, dos hombres en una moto nos atracaron a mí y otros dos amigos. Todo pasó tan rápido, y aunque el instinto me decía que corriera, el arma que tenía el atracador entre el pantalón me obligó a eventualmente permitir que me arrancara el bolso. AmazonStar 3

Fue un aprendizaje, me digo a mí misma, de no salir con cosas que no voy a necesitar, especialmente en la noche; pudo haber sido mucho peor, me repito, tratando de olvidar todas las cositas que tenía ahí—unas gafas de sol, dos libretas pequeñas, un candado, una memoria USB, el celular. Pero había tenido un día largo y no estaba pensando, y estando tan cerca a Navidad, era de esperarse que la gente, desesperada por llevar regalos a su casa, salga a buscar víctimas en las calles oscuras del centro de la ciudad. Trato de olvidar el robo y miro el cielo negro del Amazonas.

A pesar de haber llegado al barco a las 7:30 am, los espacios para las hamacas ya eran escasos y me tuve que acomodar en el medio de la atestada cubierta, rodeada por filas de hamacas a lado y lado. Pienso que si hubiera venido a dormir al barco la noche antes de zarpar, no sólo tendría un mejor espacio pero no me hubieran robado. Sé que de nada sirve pensar en todo lo que pude haber hecho de otra manera para evitar el atraco, o mi incomodidad en el barco, pero en la oscuridad de la noche no lo puedo evitar.

Aún no han apagado las luces cuando vuelvo a bajar a la cubierta del medio, que está tan copada por hamacas y equipaje que para salir tuve que gatear bajo la gente que duerme apañuscada, con cobijas y almohadas, tratando de descansar antes del desayuno. Hay tantaAmazonStar 19 gente que cada movimiento desencadena un temblor que pasa entre las hamacas, todas entrelazadas, pies y cabezas peligrosamente cerca sin importar la posición que se escoja.

Mientras unos duermen, otros leen sus Biblias y cantan novenas; seguro que es difícil para ellos estar encerrados en un barco durante las fiestas religiosas y necesitan invocar algún sentido de normalidad durante el largo viaje por el río Amazonas. Guardo una pequeña esperanza que al menos algunos de ellos se bajen en los puertos del camino, aunque me estoy preparando para estar atrapada entre el gentío hasta la llegada a Belém, ciudad a las orillas de la desembocadura del gran río en el Atlántico.

Día 2

Apagaron la mayoría de las luces a las 2 am, y pasadas las 7 am no las han prendido a pesar de la oscuridad en la cubierta, causada en parte por el cielo opaco y nublado (¿o es humo otra vez?) y en parte por la cantidad de toallas que cuelgan del techo, tapando la poca luz que logra filtrarse por las ventanas. Un poco antes de las 6 am pasó alguien con una campana marcando el comienzo del día.

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Después de una ducha, entro al comedor en mi nivel y compro el desayuno de $10 Reales—jugo, café con leche, pan, jamón, queso, un huevo frito, y una selección de frutas—y no el de $5 Reales—pan, café con leche y un tipo de pudín que parecía arroz con leche. Sentada en una de las cinco mesas azules del comedor, me doy cuenta que soy la única persona comiéndome un desayuno grande; aparte de dos parejas que compartían el plato de R$10, todos los otros comensales tienen el escaso desayuno de R$5, embadurnando el pan con una exageración de mantequilla, tratando de darle más sustancia a la comida.

Hacemos nuestra primera parada en el puerto de Parintins, pero pocos pasajeros desembarcaron. El día está frío (bueno, frío tropical) y el cielo blanco, contrastando con las aguas color chocolate del Amazonas. Acostada entre las coloridas hamacas, colgadas sobre el piso que ya está lleno de basura, entre ronquidos, llantos y cantos, invadida por el olor a humo que emana de la selva, decido seguir leyendo y prepararme para la primera siesta del día, pensando en lo diferente que fue mi viaje en el Itaberaba, de Tabatinga a Manaus, ya hace más de dos meses.

AmazonStar 13La algarabía de la gente y el silencio de los motores me despertaron de mi siesta. Hicimos una rápida parada en el puerto de Juruti, donde finalmente veo el cielo azul y libre de humo. Para cambiar de entorno, subo a la cubierta superior, donde se vive un ambiente completamente distinto al relativo silencio del piso de las hamacas: arriba, donde pegan la brisa y el sol, hay música y gente conversando animadamente, muchos de ellos tomándose unas cerveza y unos selfies, disfrutando del paisaje y del viaje. Pero hay tanta gente que no encuentro una silla y me siento en el suelo a mirar las playas destapadas y los árboles secos de la selva. Es el mismo paisaje que se veía desde el Itaberaba, aunque la vegetación es menos espesa y los árboles más pequeños y dispersos, al menos en las orillas.

Después de una corta pero fuerte lluvia, paramos en el puerto de Óbidos, ya en el estado de Pará, donde tienen pequeñas embarcaciones amarillas designadas al transporte escolar. Al atardecer, hay pólvora, supongo para celebrar la Navidad. Con el aire acondicionado apagado y las ventanas abiertas, hace un calor casi insoportable en las hamacas, y sigo invocando la posibilidad que se baje mucha gente en Santarem, queriendo pasar las fiestas en tierra firme con sus familias.

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Para mi gran descanso, se bajan muchos pasajeros cuando llegamos a Santarem a las 8 pm. Aunque dejo mi hamaca en el mismo lugar, ya tengo espacio no sólo para estirarme diagonalmente en ella sin tropezarme con pies, codos, o cabezas, sino que por fin tengo cómo salir sin gatear debajo de las otras personas. Y siquiera, porque me enteré que nos quedaremos en el puerto hasta mañana.

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Día 3

No duró mucho mi dicha de tener espacio para estirarme en la hamaca ya que en la mañana llegaron más pasajeros que van a Belém, aunque no está tan atestado como el primer día. También descubrí que en la cafetería de la cubierta superior venden sánduches calientes de jamón y queso a R$4, lo que hubiera sido una mejor opción para la comida de anoche, ya que compré (y no fui capaz de terminar) un plato demasiado grande de carne, arroz, pasta, y fariña.

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La salida de Santarem, cerca al medio día, trae una inesperada sorpresa: otro encuentro de los ríos tan espectacular como el de Manaus. Las aguas, en este caso aguamarina y chocolate, bailan y crean una línea divisoria que contrasta con la selva verde que rodea el río. La esperanza de conocer Alter do Chão ahora, y no tener que esperar hasta mi regreso en casi dos años, se intensificó y evaporó con la salida del barco.

Unas horas después, hablando con unas mujeres que se sacaban pelos y granos unas a otras en la cubierta superior, me entero que no llegaremos a Belém mañana como esperaba, pero temprano pasado mañana, lo cual significa pasar una noche más en el Amazon Star. Para lidiar con esta información decido tomar cerveza. AmazonStar 23

Sentada en la cubierta con una cerveza fría, intentando seguir las conversaciones rápidas en portugués de las mujeres, noto que aquí el río es mucho más ancho que antes, cumpliendo con su reputación por ser el más caudaloso del mundo, incluso en la temporada seca que ha expuesto las riberas y playas del Amazonas. Después de demasiadas cervezas, invitación de un hombre enamorado de una de las mujeres con quienes hablo, finalmente bajo a comer y dormir.

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Se se subió mucha gente en Monte Alegre, llenando el barco aún más que el primer día cuando salimos de Manaus. La ansiedad de llegar está empeorando con la claustrofobia. Dormí apañuscada entre hamacas que están tan cerca, que es imposible moverse sin pegarse con alguien, o quedarse quieto sin que el vecino me mueva. Estamos unos encima de otros, y ya hasta los pasillos están ocupados por las hamacas y equipaje de los pasajeros que embarcaron en la noche.

En la tarde, cuando me despierto de una larga siesta, miro por la ventana y veo la selva. Sí, he estado viajando por el Amazonas hace más de dos meses, pero ésta es la primera vez que veo la selva en Brasil tal como uno se la imagina: vegetación espesa, tupida, verde, vibrante, colgando sobre el río. Pasamos pequeñas comunidades de casas de madera que a penas se ven entre las palmas de coco y los manglares. Los indígenas se acercan al barco en sus canoas esperando que los pasajeros les tiren paquetes de comida y bolsas con ropa. Bajo el sol fuerte y el cielo azul, viajamos lentamente por el estrecho canal del río que nos saca de la monotonía de los últimos días. Siento que, a pesar de haber ya salido del estado de Amazonas, finalmente llegué a la selva.

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Hacemos una última parada en la noche en el puerto de Breves y mi ansiedad llega a su punto máximo, ya desesperada por dormir lejos de las niñas que mueven mi hamaca todo el día, del gordo que ronca toda la noche, de la suciedad de los baños, de gatear sobre el piso mugroso, de las latas de cerveza a R$5, de las mismas caras curiosas que miran todo el día, de estar encerrada entre esa nave que flota por el río.

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Día 5

Incapaz de dormir entre el gentío, paso la última noche desvelada, viendo cómo el cielo pasa de un negro profundo a un morado suave y AmazonStar 27eventualmente a un azul brillante. Veo a Belém en la distancia, bañada por la luz del amanecer, rodeada de nubes. Me sorprende el tamaño de la ciudad, los edificios altos a las orillas del río, el puerto moderno y limpio. Llego al hostal a comer y dormir, y a recuperarme de este viaje que resultó siendo más difícil de lo que me imaginaba, pero también más satisfactoria la llegada a esta nueva ciudad.

 

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Mi Vida Nómada
Manaus

Presidente Figueiredo, Amazonas

Presidente Figueiredo is a small city of just over 30,000 people, located around 100 km north of Manaus, the state capital of Amazonas. It is surrounded by tropical waterfalls that spring from deep within the jungle and are perfect to cool down the hot days of the Amazon rainforest.

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Ubicada a unos 100 km al norte de Manaus, la capital del estado de Amazonas, Presidente Figueiredo es una pequeña ciudad con un poco más de 30,000 habitantes,  rodeada por cascadas tropicales que brotan entre la selva y se prestan para refrescar los días calientes del Amazonas.

Urubui

Cachoeira Orquídea

Cachoeira Natal

Travel / Viajes – 2015-20162011-2014

Vida Nómada: Me Siento en Casa cuando puedo Desempacar

Espero que mi toallita para la cara de La Sirenita distraiga del resto de mi desorden; no tengo mucha privacidad donde me estoy quedando y el lugar para poner mis cosas es el suelo. Justo ahora estaba organizando mi equipaje lo mejor que pude, ordenándolo contra el pedacito de pared que decidí iba a ser mío, y empecé a pensar en cómo me siento cada vez que desempaco en un lugar nuevo, y en que sólo me siento en casa cuando realmente puedo desempacar. Preferiblemente en algún tipo de mueble–un estante o un casillero…¿pero el suelo? No se siente demasiado como estar en casa. Aunque después pensé que tener todas mis cosas ahí a plena vista para que las mire todo el que pase por la puerta de la casa me ha obligado a ser más ordenada que en los otros lugares donde me he quedado, donde he podido esconder mi desorden detrás de una puerta o cortina. Barreirinhas 17

Mientras cierro mi mochila, me da un remordimiento por no tener fotos de todos los lugares donde me he quedado, los casilleros que he usado, los estantes, las camas, las hamacas. ¿Y por qué no tengo fotos? Creo que cada vez que pensé en hacerlo—cuando mis cosas habían explotado como una piñata—siempre estaba corriendo a algún lugar, seguramente ya iba tarde, y tomar una foto de mi desorden sólo iba a perpetuar esa realidad tan penosa. Entonces no lo hice. Barreirinhas 2

Pero soy una documentalista y debería ser objetiva al documentar la realidad, la vida cotidiana, tal como la veo, y hasta encarar el lente de la cámara de vez en cuando. Entonces decidí que de ahora en adelante voy a tomarle fotos a todos los lugares donde me quede, con desorden y todo, porque ya perdí la oportunidad de tomarle foto a unos lugares buenísimos: la terraza con las hamacas y el comedor con la mejor vista de Manaus; mi cuarto privado y las mesas y sillas hechas a mano en madera pesada en ese corredor largo en Presidente Figueiredo; el baño espacioso con espejo con luces como de camerino y los azulejos portugueses en el corredor del piso de abajo en Belém… Barreirinhas 19

Ahora estoy en Barreirinhas, un pueblo naranja y empolvado, construido todo en ladrillo sobre la suave arena blanca  que a duras penas es contenida por el peso de las casas; se ven las dunas tratando de reclamar su territorio y volver a entrar a la ciudad, apilándose contra los muros y en las alcantarillas, trepándose por las aceras, dándoles poca oportunidad a las palmas de coco y los árboles de caju para crecer. Estoy aquí sentada en la terraza, mirando al pueblo al frente y mis cosas detrás, queriendo estar más cerca al agua, queriendo mover mi desorden a otro lugar.

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Vine aquí a Barreirinhas porque es una de las entradas al parque Nacional Lençois Maranhenses: 155,000 hectáreas de dunas que rodean el río Preguiças (río de la Pereza), el cual culebrea hacia el Atlántico y desemboca en las orillas de Atins, un pueblo de pescadores a unas horas de camino en barco o 4×4. Las lluvias fuertes de la región llenan los espacios entre las dunas, creando lagunas de agua dulce y paisajes alucinantes. Pero lo que pasa es lo siguiente: no ha llovido y las lagunas están secas. Barreirinhas 9

Había decidido ir a Atins y no a las dunas en vez de sentarme aquí soñando con el agua, o un estante o un casillero; pero mi esperanza de que me llevaran los pescadores resultó no ser más que un sueño, ya que es prohibido que lleven pasajeros. Entonces me quedaré aquí, viendo los árboles moverse con el viento que trae arena blanca a la casa, y sufrir cada vez que uno de los gatos mata a otra lagartija o sapo, que parece ser lo único que hacen todo el día. Barreirinhas 22

Aunque los Lençois están de primeros en mi lista de cosas para ver en Brasil, creo que me tocará esperar hasta el año entrante cuando vuelva a subir por la costa para ver las lagunas llenas, con sus colores intensos, brillando entre las dunas. Por ahora me contento con hacer una siesta en mi hamaca y soñar con el mar, que está cada vez más cerca.

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Mi Vida Nómada

Vida Nómada: Persiguiendo Cascadas en el Amazonas

Creciendo en los 80s y 90s, siempre me dijeron que podía hacer y ser lo que quisiera, y me lo creí. A mi generación siempre nos dijeron que el mundo era nuestro, que podíamos llegar a la luna si es lo que queríamos, que todo era posible; siempre nos dijeron que los únicos límites que encontraríamos en el camino serían esos que nosotros mismos creáramos. Pasé muchos años soñando con todo lo que haría cuando fuera grande, los lugares que vería, las cosas que encontraría, el amor que descubriría en todo lo que me ofrecería el mundo, y estaba determinada a hacer esos sueños una realidad.

Siendo una niña en los 90s, conozco muy bien la canción Waterfalls de TLC, que habla sobre no andar persiguiendo cascadas y mantenerse en los ríos y lagunas que ya conocemos; y aunque me encanta TLC, y me encanta esa canción, y sé que habla de temas más profundos como el VIH y la drogadicción, nunca pude entender cómo la letra “los sueños son esperanzas imposibles / con esperanzas de cumplirse” era el tipo de consejos que nos estaban dando tres mujeres en la cima de su industria. ¿Cómo nos podían estar diciendo que no persiguiéramos cascadas? ¿Cómo podían decir que perseguir cascadas, metafóricas o reales, es algo malo? La verdad creo que escuchar tanto esa canción sólo me hizo querer seguir mis sueños locos con más ganas.

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Cachoeira Natal, Presidente Figueiredo

Con cada lugar que visité, mi deseo de viajar y ver el mundo se intensificó. A finales del 2014, cuando estaba viviendo en Palomino, un pueblito en la costa Caribe de Colombia, me llamaron para trabajar en un hotel en la costa Pacífica—mi lugar preferido en el mundo—durante la temporada, entonces empaqué mis cosas y me fui. No era la primera vez que me mudaba de un lado a otro del país, o del mundo, por un capricho, pero fue la primera vez que me di cuenta que esa era la única vida que conocía, y acepté finalmente que simplemente no me gusta, ni quiero, quedarme quieta en un solo lugar por mucho tiempo. Cuando acepté la posibilidad de una vida nómada, me empecé a preparar para un viaje al Brasil, donde vería toda la costa Atlántica del país, desde el Amazonas hasta la frontera sureña con el Uruguay, y todo lo que pudiera ver en el medio.

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Cachoeira Orquídea, Presidente Figueiredo

“¿Adónde llegaste?” fue la primera pregunta que me hice a mí misma mientras subía por una avenida larga y empinada, cargando mis casi 30 kg de equipaje a los hombros, en el centro de la pequeña ciudad amazónica de Presidente Figueiredo. Sudando y agotada después del corto viaje desde Manaus–unas 2 horas que se hicieron eternas cargando las mochilas de un bus al otro–llegué al Figueiredo Green Hostel, donde me hospedaría la siguiente semana. Cuando entré y oí la bossa nova que palpitaba desde la recepción, supe que había llegado al lugar adecuado.

Presidente Figueiredo es la capital del cupuaçu, y aunque llegué seis meses o muy tarde o muy temprano para el festival anual, la deliciosa fruta que me obsesiona y deleita no fue la única razón para visitar este lugar; además de salir de Manaus, donde ya me estaba sintiendo un poco atrapada, fui a descubrir la selva y encontrar el agua. Ubicada a unos 100 km al norte de Manaus, la capital del estado de Amazonas, Presidente Figueiredo está rodeada por cascadas tropicales que brotan entre la selva y se prestan para refrescar los días calientes del Amazonas.

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Urubui, Presidente Figueiredo

El primer lugar que conocí fue Urubui, una pequeña playa de río rodeada por casetas y restaurantes que queda a unos 20 minutos del hostal. Las rocas del río son porosas, rojas y amarillas, y forman pequeños pozos naturales entre las piedras, creando un balneario ideal para refrescarse y disfrutar de la naturaleza. El agua es fría, un alivio para el cuerpo que pareciera cocinarse bajo el opresivo sol de la selva, pero Urubui era sólo el comienzo.

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Cachoeira Orquídea, Presidente Figueiredo

En una tarde soleada, fui a la cascada de la Orquídea y encontré un lugar mucho más selvático y natural. Después de caminar unos 20 minutos entre la selva, se escucha el rugido del agua cayendo entre la tupida vegetación, donde se encuentra una cascada de un par de metros que cae a un charco rocoso y refrescante. Terminé visitando la Orquídea otra vez unos días después, insatisfecha con el poco tiempo que tuve antes del atardecer en mi primera ida.

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Cachoeira Natal, Presidente Figueiredo

Pero la cascada de Natal definitivamente fue  mi preferida: me llenó de tanta alegría como para no querer volver a Manaus. A menos de una hora por una carretera destapada se encuentra esta cascada ancha de donde bajan fuertemente chorros de agua que caen a un charco rocoso, más hondo que los de Urubui y Orquídea. Dejé que el agua cayera sobre mis hombros, sentada en las piedras bajo los chorros, mirando la selva a través de la cortina de agua. Fue una limpieza de cuerpo y alma, un encuentro con la naturaleza energizante y revitalizante.

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Cachoeira Orquídea, Presidente Figueiredo

Y esa es la cosa, que sin importar qué digan algunas de mis canciones preferidas de los 90s, parece que llegue adonde llegue, siempre estoy buscando el agua, corriendo hacia ella, encontrándome con ella; y no sólo cascadas, pero también ríos y lagunas, océanos y piscinas, y los arco iris que crean. El agua realmente es vida, y estar bajo una cascada que ruge en medio del Amazonas me hace sentir tan viva, que es casi inaguantable; es casi demasiada vida, demasiada felicidad para una sola persona. Y no lo cambiaría por nada en el mundo.

Natal Presidente Figueiredo 13

Cachoeira Natal, Presidente Figueiredo

Sentada bajo esa cascada, me di cuenta que esto es lo que he estado buscando, que este es el camino que estado tratando de encontrar desde que soñaba con salir corriendo a conocer el mundo, con descubrir tesoros escondidos, con aprender nuevos idiomas, con dejar la estabilidad y las pertenencias materiales y disfrutar de una vida nómada: siempre he soñado con la selva, con el agua, con la belleza de despertarse a ver un cielo azul que huele a sol, o incluso uno gris que huele a lluvia, y no saber dónde voy a estar nadando ese día.

Urubui Presidente Figueiredo 3

Urubui, Presidente Figueiredo

Eventualmente tuve que volver a Manaus a reclamar mi cédula de residencia temporal, pero la selva me revitalizó, me llenó de energía para seguir mi viaje y terminar mi amorío con el río Amazonas en su desembocadura en Belém, en la costa Atlántica de Brasil, y para seguir buscando el agua, las playas, los atardeceres, la novedad, y la aventura.

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Vida Nómada

Vida Nómada: Encontrando el Camino desde Manaus

Manaus - parque

Había estado tratando de escribir algo sobre Manaus en las últimas semanas; algo de esta extraña y loca ciudad de concreto que no logro entender pero que me ha encantado desde la noche que llegué. Ubicada en el medio del Amazonas, Manaus tiene 2.5 millones de habitantesManaus - rua y se extiende por más de 11,000 km² sobre las orillas del Río Negro. He pasado mis días visitando sus edificios viejos y caminando por sus calles desniveladas y llenas de huecos, preguntándome qué puedo escribir sobre este lugar tan exótico y tan raro.

He estado aquí más de un mes pero me sentía estancada, insegura de qué decir sobre este oasis gris que sólo insinúa estar rodeado por la gran selva, arruyándonos con el calor opresivo para que olvidemos dónde estamos, sin ofrecernos un respiro del enorme sol, sin arrepentimientos por obstruir la naturaleza con sus edificios altos y asfalto quebrantado, afferándose a los restos de la bonanza del caucho que construyó la ciudad en medio de la selva a finales del siglo XIX.

No podía escribir, no estaba segura de nada, y estaba empezando a dudar de mi propósito en Brasil. Y después leí el blog de mi amiga Carolina sobre su primer mes de estar viajando sola en el sur de Asia, y de no poder escribir hasta darse cuenta que todo se convierte en otra cosa diferente a la que planeaste cuando estás viajando, y que eso es lo más lindo, es lo que buscamos. Al recordar ese principio me llegó una ola de inspiración, no sólo para escribir, pero para hacer un plan y plantearme metas que pueda alcanzar metódicamente. Me encanta la vida nómada, lo impredecible y caótica que puede ser, pero tanto con la escritura como con la vida, me gusta volver el caos en un estado de desorden tangible, planeado con espontaneidad. Manaus - orelhao

Entonces empecé a hacer un plan, y a cambiarlo, y a adivinar y cuestionar todo, y finalmente creé un tipo de horario y presupuesto que me deben llevar hasta mediados de mayo del 2016. Supongo que tener una idea de qué voy a hacer en los próximos cinco meses y medio es suficiente, y ya que tengo el calendario lleno de nombres de lugares exóticos, puedo continuar moviéndome entre sueños por el alucinante Amazonas y el nordeste de Brasil.

Durante los próximos cinco meses y medio viajaré casi 6,000 km desde Manaus y su increíble plaza de mercado, su arquitectura colonial, su historia y su cultura, sus playas de agua dulce, sus iglesias, y claro, todas las picolés y din-din de cupuaçu (paletas y bolis de frutas tropicales) que pueda querer! No sé qué va a pasar o a quién voy a conocer, pero sí sé que estaré en Belém para Año Nuevo, en São Luis y los Lençois Maranhenses en enero, en Fortaleza para el carnaval, en Recife en marzo, y subiré otra vez a Natal en abril. Sé que visitaré las playas de Pipa y Olinda en el camino, y a veces desearé no haber planeado el viaje con tanta anticipación.

Sé que planear los próximos seis meses puede obstaculizar mi libertad de aprovechar oportunidades espontáneas que se presenten, pero tener este propósito, este camino, me da un sentido de responsabilidad a mí misma, de cumplir con mis planes, de seguir por toda la costa Atlántica hasta el vecino Uruguay, y después Argentina, para finalmente volver a Colombia… antes de ir a Francia.

Bueno, lo admito, soy planeadora de viajes compulsiva! Pero la vida es corta y maravillosa, y es demasiado fácil perderse en lo cotidiano, en la comodidad de la estabilidad o la inestabilidad, y no quiero perderme de nada. Para ver qué sigue, acompáñame en este viaje planeado con incertidumbre pero lleno de descubrimientos y aprendizajes.

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