Rio de Janeiro, Brasil

Rio de Janeiro, the Wonderful City founded by the Portuguese in 1565 in Brazil’s  southern Atlantic coast, offers residents and visitors an eclectic mix of natural and urban environments, cultural events, historical architecture, and of course, samba.

I was only there for a few days last winter and didn’t see the major tourist sites like Christ the Redeemer, the Sugar Loaf, the view from Vidigal neighbourhood, or even Selarón’s steps in Lapa. So what did I do with my time there? I walked… a lot. Here are some of the photos.

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Río de Janeiro, la Ciudad Maravillosa fundada por los portugueses en 1565 en la costa Atlántica sur de Brasil, ofrece a sus residentes y visitantes una mezcla ecléctica de lo natural y lo urbano, eventos culturales, arquitectura histórica, y claro, samba.

Estuve allá apenas unos días el invierno pasado y no ví los principales puntos turísticos como el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar, la vista del barrio Vidigal, ni las escalas de Selarón en Lapa. Entonces, ¿qué hice con mi tiempo? Caminé…mucho. Aquí están algunas de las fotos.

Beaches — Copacabana & Ipanema

Although Rio is surrounded by gorgeous beaches, packed with surfers and foot-volley players year-round, Copacabana and Ipanema are its most iconic strips of sand.

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Aunque Río está rodeado de playas hermosas repletas de surfistas y jugadores de foot-volley (una combinación de voleibol y fútbol) aun en pleno invierno, Copacabana e Ipanema son las más icónicas.

Jardim Botânico & Casa Lage

Rio’s Botanical Gardens house much more than diverse samples of the country’s flora and fauna, offering a tranquil respite from the busy city and a place to learn about the history and archeology of the region. Casa Lage is an old fazenda built in the 1800s at the foot of the Corcovado that now serves as a public park and a school of visual arts. I saw lots of monkeys in both places!

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El Jardín Botánico de Río acoge mucho más que la diversidad de flora y fauna del país, ofreciendo un espacio tranquilo para descansar de la ciudad y para aprender sobre la historia y la arquitectura de la región. La Casa Lage es una vieja hacienda construida en los 1800s al pie del morro del Corcovado que hoy sirve de parque público y escuela de artes visuales. Ví muchos micos en ambos lugares!

Centro & Lagoa

Downtown Rio serves as the city’s financial and commercial district, and is growing as a point of interest for tourists. The Rodrigo de Freitas Lagoon in the city’s south is another of the many natural, public spaces to enjoy the outdoors.

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El centro de Río es el distrito financiero y comercial de la ciudad, y también está creciendo como un punto de interés para el turismo. La laguna Rodrigo de Freitas en la zona sur es otro de los espacios públicos naturales para disfrutar de la ciudad.

Pedra Bonita

Pedra Bonita is located in the Tijuca National Park and usually offers stunning views of the city…usually.

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Piedra Bonita está ubicado en el Parque Nacional Tijuca y normalmente tiene vistas espectaculares de la ciudad…normalmente.

Despite Rio’s beauty, its socio-economic disparity cannot be ignored; but with such limited time, I chose to focus on the good, the beautiful, the wonderful. I hope to see more of Rio later this year and experience its other faces.

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A pesar de la belleza de Río, la desigualdad socio-económica no se puede ignorar, pero como tuve tan poco tiempo, decidí enfocarme en lo bueno, lo hermoso, lo maravilloso. Espero ver más de Río a finales de este año y conocer sus otras facetas.

Travel / Viajes – 2015-20172011-2014

 

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Mi Vida Nómada: Vida en Movimiento

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Llegando a Salvador de Bahía, Brasil

—Encontré un pasaje barato y salgo esta noche para Barcelona —me dice mi amigo de Israel una mañana en Salvador de Bahía, Brasil, mientras sacaba de su mochila todo lo que no iba a necesitar en Europa pero que fue esencial para su último año en Sur América.

Existen personas así que pueden ir de un continente a otro con sólo unas pocas horas de anticipación, pero yo no soy una de ellas. A veces pienso que me gustaría ser así, pero la verdad es que me gusta programar mis viajes, y aunque evito investigar mucho de mi destino, porque me gusta sorprenderme y descubrirlo a mí manera, rehuso llegar a un lugar que no conozco a dar vueltas buscando dónde dormir.

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Galinhos, Rio Grande do Norte, Brasil

Antes de llegar a Manaus en octubre del 2015, ya tenía una idea clara de mi ruta y horario. Y sí, a veces he querido cambiar de planes, perderme un vuelo o irme sin dar aviso, pero me he desviado muy poco del viaje que tracé en mi mente y en mapas después de mi primera visita al Amazonas en el 2012.

Para viajar lento y barato, y conocer la cultura y aprender el portugués de Brasil, siempre  escojo el pasaje más barato aunque lo tenga que comprar con dos meses de anticipación, y el descuento en alojamiento aunque tenga que comprometerme a quedarme a “largo plazo” (de diez días hasta un mes). Hasta ahora, me siento segura que mi ruta me ha llevado justo adonde necesito llegar.

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Copacabana, Rio de Janeiro, Brasil

Lo que pasa también es que igual no me gusta acomodarme mucho porque cuando estoy cómoda se me olvida que una de las cosas que más me gusta de este viaje y mi vida nómada en Brasil es el movimiento en sí. Además he aprendido que la incomodidad produce creatividad, curiosidad, y productividad, mientras la comodidad se convierte en complacencia y la consolidación de rutinas repetitivas.

Después de vivir en seis países diferentes en cuatro continentes, no sólo me he acostumbrado a desacomodarme sino que me gusta. Es más, me encanta. No hay nada como llegar a un lugar nuevo, desempacar, empezar de cero, y volverme a ir, volverlo a hacer. Es casi como si me gustara la comodidad, pero no tanto; casi como si me gustara la estabilidad, pero no en serio; casi como si me quisiera quedar quieta, pero no lo suficiente para hacerlo.

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Río Amazonas, Pará, Brasil

Con cada año que pasa, cada ciudad, país, río y playa, crece mi gusto por moverme y cada vez me muevo más despacio y con más tiempo, con calma, sin forzar los descubrimientos que sólo se hacen viviendo lejos de casa. He seguido mis caprichos por este universo paralelo por casi un año, en el cual no me he quedado más de dos meses en un solo lugar; siempre me estoy moviendo de cama, de cuarto, de hostel, de ciudad, de estado, de latitud, de playa.

A ese ritmo, y en un país tan grande como Brasil, es inevitable pasar horas y hasta días incontables en movimiento: en barcos, lanchas, buses, trenes, carros, aviones… Con mis casi 30 kg de equipaje a los hombros, he caminado kilómetros por calles empinadas, empedradas, de tierra y de asfalto, subiendo y bajando escalas, peleando por espacio en las horas pico, sonriendo ante las miradas atónitas de aquellos que no se explican qué hago sola con esas mochilas, en esa ruta, sudando, bajo el sol o la lluvia, siempre con un paquete de castañas o sequilhos en la mano. Nadie se imagina que estoy esperando otro bus, otro tren, otro mapa que me lleve al próximo destino, cualquiera que sea.

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Saliendo de Recife, Pernambuco, Brasil

El transporte—el movimiento—ha sido un factor contundente en mi viaje, aunque muchas veces sea descartado como algo necesario pero sin trascendencia, una forma inescapable de escapar de lo que sea que estoy huyendo—¿o encontrando?—en este viaje sin comienzo ni fin.

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Galinhos, Rio Grande do Norte, Brasil

Pero son esos mismos momentos en que el sentido de aventura realmente se apodera de mí. Cuando estoy en una carretera esperando que pase el bus, o en la terminal esperando que otro salga; cuando llego a una ciudad nueva y me la paso leyendo los nombres de las calles, repasando los mapitas dibujados en mi libreta de apunte… Son esos los momentos en que la adrenalina y la emoción se encargan de llevarme hasta mi destino a pesar del cansancio y el hambre, de las ganas de un baño que no se mueva y de dormir en posición horizontal. Son esos momentos los que realmente marcan este viaje que me está llevando a conocer este país-continente. Y seguiré devorando mapas e imaginando rutas hasta que llegue el próximo bus.

Mi Vida Nómada
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